La economía continuó inmersa en un contexto recesivo que se prolonga desde el 2013

En el cuarto trimestre de 2014 la economía argentina continuó inmersa en un contexto recesivo que se prolonga desde fines de 2013. En dicho trimestre, el indicador de actividad IGA exhibió una caída del -3,8%, cerrando el año con un retroceso promedio del -2,6%. Los sectores que más contribuyeron a este desempeño negativo fueron la industria, el comercio y, en menor medida, la construcción.

En el caso de la industria, la baja fue generalizada en prácticamente todas sus ramas, siendo liderada por el desplome de la producción automotriz. Por el lado de los componentes de la demanda, el consumo volvió a disminuir en el cuarto trimestre, acumulando en el año una retracción significativa por primera vez en la era “K”; la inversión continuó en caída, mientras que el volumen exportado acusó su mayor debacle (-10%) desde la crisis de 2009.

El fuerte retroceso que evidenció la economía se vincula directamente al combo de medidas de ajuste que aplicó el gobierno desde principios de 2014. Entre ellas se destacaron la brusca devaluación de enero de ese año, que se trasladó rápidamente a precios; el aumento en las tasas de interés para quitarle presión al dólar; la imposición de un techo bajo a las paritarias, por detrás de la inflación; el incremento del precio de la nafta (regulado por el estado) y de servicios públicos. En paralelo, profundizó las restricciones a las importaciones, que afectan a la dependiente industria local, y sostuvo el cepo cambiario.

El ajuste tuvo su expresión en el mercado laboral, que completó un año para el olvido: mientras que en el último trimestre de 2014 subió fuerte la subocupación (de 7,8% a 9,1% de la población económicamente activa), la desocupación abierta se calculó en alrededor del 9% (corrigiendo el dato INDEC mediante el recurso de utilizar una tasa de actividad verosímil). Por su parte, los salarios acusaron el golpe devaluatorio: al margen del obvio retroceso de su valor medido en dólares (en promedio, un -12,3%), la pérdida en términos reales también fue más que importante (un -6,7% en el año y un -5,7% en su trimestre final). La inflación galopante del 39,8% -promedio anual, según las mediciones que considera GERES-superó por varios cuerpos toda mejora nominal de estos ingresos, recortando aún más otros, como el haber mínimo jubilatorio (-8,2%) y el salario de los empleados estatales (-9,1%).