CdgEBxlXIAA4ydVBajo el ala de caciques del PJ a los que les cuesta largar el timón, emerge un grupo de “delfines”, gobernadores que estrenaron su cargo hace tres meses, y quieren tallar su propio futuro en el tablero del poder.

Divorcio traumático o acuerdo de convivencia, entre esas opciones transitan los primeros casilleros, al ritmo de los desafíos que se abrieron hasta ahora: la administración puertas adentro, la relación con Mauricio Macri y el posicionamiento en el Congreso, con una tropa que responde poco o nada.

El chaqueño Domingo Peppo es el más firme en marcar una diferenciación de su antecesor, Jorge Capitanich, actual intendente de Resistencia. De hecho, apoyó abiertamente la ruptura del bloque de diputados del Frente para la Victoria, una jugada en sintonía con el salteño Juan Manuel Urtubey, el peronista más crítico de Cristina dentro del grupo de mandatarios que acompañó la etapa K.

No sólo eso: el ex jefe de Gabinete instó a través del PJ local a los legisladores nacionales a rechazar el acuerdo de la Casa Rosada con los fondos buitres, mientras Peppo pide “dar vuelta la página y salir del default”. Esa pulseada no se traduce aún en la “gobernabilidad” provincial. “Coqui no obstruye la gestión”, dijeron a LA NACION cerca del mandatario. Incluso el ex funcionario no puso alfiles propios en el gabinete y, como dato curioso, tampoco estaba convencido de que su hermano Daniel fuera como vice en la fórmula, algo que Peppo consideró una “garantía” para que jugara a fondo por su candidatura. Sergio Uñac convive con la figura omnipresente de José Luis Gioja, tres mandatos al frente de San Juan, senador, diputado y ahora en carrera para a conducir el PJ en una difícil comunión entre el ala tradicional y el cristinismo.

“Articulamos”, sintetiza Uñac sobre su relación, para completar: “Nos ponemos de acuerdo hasta cuando no estamos de acuerdo”. El ex gobernador es una especie de decano del peronismo que rinde tributo en el altar de la unidad y Uñac empieza a hacerse paso en una nueva generación. Su familia se disputaba junto con los Lima, otro clan cercano al ex mandatario, la sucesión provincial. Gioja hizo de Gioja: ungió a Uñac como cabeza de fórmula, y a Marcelo Lima, ex intendente de la capital sanjuanina, como segundo.

Uñac, que como vice ocupó el sillón de Gioja hasta que se recuperó del trágico accidente en helicóptero, está más enfocado en la coyuntura de la administración. Se muestra más cómodo entre el pelotón de los gobernadores que recién estrenan el cargo, menos apegados al kirchnerismo y pragmáticos en el vínculo con el Gobierno.

El entrerriano Gustavo Bordet también inicia el sendero para erigirse como jefe político de la provincia. Reemplazó a uno de los más mimados en el kirchnerismo: Sergio Urribarri, que hasta soñó con ser el candidato del “proyecto”. Si bien bajó el perfil, el “Pato” aún tiene presencia como presidente de la Cámara de Diputados provincial y su hijo Mauro es ministro de Gobierno.

Bordet fue intendente de Concordia y, sin ser del riñón de su antecesor, llegó al poder con una victoria ajustada. Ahora, está obligado a tejer consensos. Incluso tuvo un acercamiento con Jorge Busti, ex gobernador de Entre Ríos, aliado de Sergio Massa en la última elección, y archi-enemigo de Urribarri. “Lo hablaron antes, tratan de no chocar”, advierten cerca del mandatario con ánimo de agitar la interna.

Más al norte, Juan Manzur ya venía con millaje nacional y no es un “hijo político” de José Alperovich, durante doce años al comando de Tucumán. Es más, como rareza, su primer “jefe” fue Alberto Balestrini cuando era intendente de La Matanza y lo convocó para hacerse cargo de Salud. Desde esa área trepó en la escalinata hacia la gobernación.

La familia Alperovich, que acumuló escándalos, negocios y poder, aún maneja resortes: José es senador, se lo ve en reuniones partidarias en Buenos Aires y su esposa, Beatriz Rojkés, preside el PJ provincial. “No hay tensión con Manzur”, dicen en su entorno, aunque las inquinas se disputan entre dirigentes que aún tributan al anterior mandamás.

Según La Nación, nadie apostaba por Sergio Casas, que ganó en La Rioja y acercó al Gobierno. La sintonía comenzó antes de que Luis Beder Herrera terminara su gestión y fue uno de los primeros en tener una reunión con Macri. Ese día, sorpresivamente, sus diputados se levantaron de sus bancas en una sesión polémica motorizada por el kirchnerismo. En sociedad con su antecesor, Casas impulsó la creación de la bancada justicialista, a la que se incorporaron los dos riojanos. Uno de ellos es el propio Beder, que ejerce fuerte influencia: colocó funcionarios, está en la mesa chica de decisiones y trata de maniobrar en un peronismo en ebullición.

Recién llegados, con vuelo propio

Peppo, Chaco

Es uno de los que más hace notar su distancia con su antecesor, Jorge Capitanich. Apoyó la ruptura del bloque del Frente Para la Victoria en Diputados y pidió “dar vuelta la página” en relación al acuerdo con los fondos buitre, a pesar de que Capitanich había instado a los legisladores chaqueños a rechazar el acuerdo.

Casas, La Rioja

Sucesor de Luis Beder Herrera, poco antes de asumir Sergio Casas hizo notar su sintonía con el gobierno de Mauricio Macri. Fue, incluso, uno de los primeros en ser recibido por el Presidente, lo que generó un fuerte rechazo de los legisladores kirchneristas locales. El bloque de Diputados del PJ en la provincia se rompió.

Uñac, San Juan

“Nos ponemos de acuerdo hasta cuando no estamos de acuerdo”, afirma Sergio Uñac sobre la relación que mantiene con su predecesor, José Luis Gioja. Sin mostrar resistencia frente al nuevo gobierno, Uñac se siente más cómodo entre los gobernadores que, como él, asumieron el cargo por primera vez el 10 de diciembre.

Manzur, Tucumán

No es “hijo político” del ex gobernador José Alperovich y ya se había hecho un nombre a nivel nacional tras su paso por el Ministerio de Salud. Aunque puertas afuera dicen que “no hay tensión” entre la anterior gestión y la de Juan Manzur, hay internas entre aquellos que aún responden a quien que gobernó la provincia 12 años.