Beder Herrera lo hizo: ¿La prenda de unidad del gobierno?

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Luis Beder Herrera fue quien decidió que la fórmula a gobernador y vice sea integrada por Sergio Casas y Néstor Bosetti. Casas había ganado las internas bederistas, con escasa participación electoral, y Bosetti había quedado afuera, aunque el entonces gobernador dispuso que así se conformara la fórmula.

La jugada política le salió bien en el marco de un mundo de colectoras (mini partidos) que aportaron votos ante la creciente Fuerza Cívica Riojana, esa misma que dejó como perdedor a Beder Herrera en los últimos comicios legislativos.

Hoy Casas es el gobernador, pero muy acosado por la interna del peronismo, y Bosetti es el vicegobernador con un bloque de diputados identificado en la figura de Oscar Chamía, un viejo dirigente que también fue ultra defensor de la gestión de Ángel Maza.

Mientras todavía sobrevuela las fotografías de la toma de la Legislatura, las peleas políticas, que no le cambian nada la sociedad, han puesto en jaque al gobierno, ya que todos están peleados, y nadie sabe quien es amigo y quien es enemigo.

Todo nació de esa decisión de Beder Herrera de unir el agua con el aceite que repercute en la provincia, ya que el gobierno solo es pagador de sueldos. De otra política de Estado no se habla.

Por eso, el ex gobernador está vivo en cada conversación, tras el remezón de los videos y de la derrota con el “fantasma” Héctor Olivares.

Hoy Beder Herrera queda posicionado como quien podría ser la prenda de unidad del justicialismo, que no tiene líder. A decir verdad ni partido, ya que la Casa de Todos es una sede vacía con dirigentes que van y vienen según la necesidad electoral.

Por esto, las esposas de los dirigentes pasan a ser protagonistas. La mujer de Luis Zamora sale en el defensa del presidente del Tribunal de Cuentas por los dichos de Florencia López por el supuesto video, como lo hicieron otras por el acuerdo por las comisiones legislativas entre el bloque de Alejandra Oviedo con la oposición.

Así hay un desmadre en el oficialismo, en donde las palabras bajas fluyen por encima de cualquier iniciativa que haga agenda en las verdaderas preocupaciones de la población.

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