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Astigmatismo político: Hay “líderes” políticos que padecen disonancia cognoscitiva (idiotez)

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Claudio Alpízar Otoya, licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad de Costa Rica, y Master en Estudio para el Desarrollo en América Latina por la Universidad Nacional, recuerda que, cuando niño – a principios de los años setenta– le pregunté a mi oculista, Dr. Álvaro Montero Padilla (qdDg), pionero de esa disciplina en el país, cuál era la diferencia de padecer astigmatismo o miopía. Su respuesta fue sencilla y clara: cuando padecemos de miopía, la vista se mejora con más y más aumento en los anteojos. Al contrario, el astigmatismo no tiene una solución tan fácil, se presenta en un ojo perezoso, que tan solo aceptará un poquito de aumento que permite mejorar levemente la vista; el poner mucho genera un efecto inverso al distorsionar la visión. Con un agravante en el astigmatismo: la pereza en un ojo le exige al otro ojo bueno un mayor esfuerzo en la visión, hasta agotarlo y arruinarlo por el recargo de funciones.

La miopía política

Muchos de nuestros dirigentes y “líderes” la padecen, y, aunque tiene solución, no se preocupan por solventar la deficiencia, se aferran a la práctica de que la política es ocurrencias. No logran diferenciar entre la política y lo político, entre el mundo de las palabras y el mundo de la acción, de las obras.

Sus decisiones están cargadas de una buena dosis de ignorancia ante la falta de profundizar en los temas que aquejan a la sociedad. Están más concentrados en una política mediática, farandulera, que los exponga en los medios de comunicación. Toman a esta disciplina como un “hobbie”, cuando ella no solo exige capacitación, sino que requiere sacrificio y servicio a la comunidad. Además obliga a una óptica muy amplia de todo un acontecer interrelacionado y multidisciplinario, como es la sociedad.

Empero, este padecimiento tiene solución: mayor capacitación, investigación, análisis y dedicación. Son los pasos con que poco a poco podrían aumentar su visión política, en aras de focalizar correctamente los problemas nacionales. Como resultado, lograrían que las personas aprecien a la política como fundamental en el desarrollo social.

Astigmatismo político

De ello padecen otros tantos “líderes” que se precian de ser políticos, pues no solamente adolecen de lo ya comentado, sino que están cargados de disonancia cognoscitiva (idiotez), incapacidad que los hace ver un mundo que nadie más observa. En este caso de nada vale la preparación académica, las asesorías, ni los consejos sabios, ya que no toman en cuenta el parecer de las mayorías y el sentir ciudadano. Su visión “perezosa” conlleva una equívoca toma de decisiones, sustentadas en la falta de realismo político.

El astigmatismo político parece no tener cura. La pereza óptica carcome el interés por la cosa pública, y, aunque se generen mayores insumos para el ejercicio del apostolado que representa ser políticos, estos sirven de poco, puesto que solo están pensando en el beneficio propio. Se rodean de asesores y consultores para aumentar su visión, pero ella está tan enferma, tan perezosa, que solo provocan una mayor distorsión en su percepción; por más que lo intenten, su visión política no va más allá de sus narices.

Tienen limitantes que atrofian cualquier posibilidad de mejorar, y se aferran a ideas trasnochadas de izquierda o embriagas de derecha. Por más que se les presente con ampliación y aumento las demandas y necesidades ciudadanas, no logran divisarlas, solo distorsionarlas. Su “liderazgo” es débil y, conforme la explicación del Dr. Montero Padilla, con el ojo perezoso carcomen los esfuerzos redoblados que otros desarrollan hasta lograr que abdiquen de sus ideas y proyectos.

Según el diario La Nación de Costa Rica, la política no es un hobbie. Tampoco debe ser un negocio particular, pero sí es un negocio comunal, puesto que, como apostolado, es un asunto serio, de disciplina, de entregase por el bien común y ante todo por los más necesitados. La disciplina de la política ha sufrido un infundado descrédito como tal, más por culpa de las ocurrencias de los que la ejercen que por el objeto de ella. Seguramente en esto pensó R. L. Stevenson cuando dijo que “la política es quizá la única profesión para la que no se considera necesaria ninguna preparación”.

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