El músico y compositor riojano acaba de editar “Corazón en su nostalgia”, con arreglos de Horacio Burgos. Un fecundo encuentro en el que se incluye una versión de “Azul provinciano”.

Por La Voz del Interior

A Pancho Cabral le cabe en el pecho un cielo de provincianía, y desde su universo riojano lanza canciones como semillas en la gran aldea del canto americano.

Para andar su incansable camino de creador, de músico popular argentino, después de aquellas soleadas primaveras de las voces de hace casi medio siglo (los Huanca Hua, Los Andariegos), tuvo que atravesar el invierno del exilio. Hasta regresar a La Rioja y quedarse a mirar desde allí con la guitarra y la palabra en los ojos.

Hace un par de años vino hasta Córdoba con un puñado de canciones nuevas y un par de esas reconocidas, a reunir su razón de identidad con el sentido de la estética de Horacio Burgos (guitarrista, compositor, arreglador) para trabajar un proyecto distinto, a buscar una brisa con otro temperamento de frescura.

Así fue que, por fin, hace unas semanas salió a luz el disco Corazón en su nostalgia. La consecuencia fue un fecundo encuentro entre la poética de sus palabras y el sentido abrazo que les da sus voz, con la musicalidad de Burgos. Los temas se montan en un mismo viaje sensible, delicado, con notas y armonías que salen a buscar otras calles al cabo de la intimidad original de un patio sombreado.

Burgos trae consigo a sus compañeros de sensibilidad y desvelos, Fernando Bobarini (bajo) y Diego Clark (percusión y voz) para crear climas sutiles _hasta con instantes jazzeados_, para la creatividad del artista riojano. Y más sobresalientes cordobeses toman parte del disco: Pablo Jaurena (bandoneón), Mauro Ciavattini (vientos), Jorge Martínez (piano), Marco Cordera (guitarra), Mario Tozzini (piano), Fede Seimandi (contrabajo), Nicolás Roqué (tambores). .

El disco abre con Cantándole a la vida, uno de esos contrastes luminosos de Cabral (“Yo caminando olvidos y ella cantándole a la vida”) a las que el arreglo les presta su suave y melodioso farol.

El pasaje por una decena de canciones, hay un tramo que florece en homenajes americanos: a Alfredo Zitarroza (A don Alfredo, con aires de milonga), a Jaime Ross (Mirando a Montevideo, con voces de la Murga Tadeo) y a Chabuca Granda (Con ese don, con una notable participación de Burgos ).

De las canciones reconocidas, aparece primero Dolido corazón y luego Azul Provinciano. “Ay este azul”, cómo se la suele llamar, es una de esas que alcanzó el cielo del misterio del arte, ese con el que sueñan todas las canciones: concentrar algo la inmensidad de la vida en un estremecimiento de tres minutos. Bienvenida una versión sobre un bello arreglo de un tema que recorrió el mundo en la voz de Mercedes Sosa.

La nostalgia siempre con esperanzas de luz del corazón de Pancho Cabral se ha asomado aquí a otras calles con los mismos ojos de su humano paisaje universal.