Saltar al contenido.

“Si la Economía no genera nada, la Iglesia tiene algunos caminos posibles”

Enrique Angelelli, el ex obispo de La Rioja asesinado el 4 de agosto de 1976, lo explicaba en los barrios y con esa impronta promovió el nacimiento de la Cooperativa de Trabajo Legítima, que fue el primer intento de fomentar el trabajo autogestivo en el interior de la provincia y que le trajo no pocas críticas.

“Hoy hablar de cooperativa, habla todo el mundo, pero en el momento de Angelelli, decir cooperativa era decir subversión”, explica el ex cura y actual secretario de Derechos Humanos de La Rioja, Délfor “Pocho” Brizuela, estrecho colaborador del obispo en diálogo con Télam, al analizar la distinta valorización que se hacía durante la dictadura cívico militar sobre los emprendimientos autogestionados.

Para el ex sacerdote, “hablar de militancia en partidos políticos hace cuarenta años era decir que el hijo de la vecina se metió con los guerrilleros. En cambio hoy los jóvenes militan tranquilamente porque es un derecho”.

“Codetral fue impulsada por vecinos de Aminga, en la Costa riojana, legitimada por el Movimiento Rural Diocesano y por el Obispo Enrique Angelelli, que nació en una finca abandonada que era propiedad de los hermanos Azzalini, fallecidos muchos años antes; los pobladores se ocuparon de conseguir esos terrenos y formaron la coopeerativa para producir y dar trabajo a gente que no tenía”, relató el hoy funcionario.

Frente a este escenario, Brizuela señaló que varios terratenientes de la zona “empezaron una campaña en contra de Angelelli y lo denunciaron como marxista y lo acusaron de hacer todo lo contrario de lo que decía el Evangelio”.

“Ocurrió un primer hecho muy fuerte: en uno de los pueblitos linderos a Aminga, Anillaco, se hizo una fiesta patronal y cuando llegó Angelelli, lo sacaron a piedrazos”, recordó y agregó que en ese pequeño pueblo, Angelelli predicaba que “había que garantizar que la gente se quedara en el lugar, que no se perdiera la cultura del trabajo de los mayores, en especial la agrícola-ganadera. Esa era la ‘mala palabra’ de Angelelli”.

Según recordó, Angelelli también fomentó la organización sindical de los trabajadores y puso como ejemplo el caso de los maestros rurales que “estaban a la deriva porque no existía, como hoy, ninguna asociación que los defendiera ante condiciones de trabajo malísimas”.

“También vio la situación de los obreros de la laja en Olta, los obreros de la mina de Amaná, y también organizó sindicatos, como el de empleadas domésticas en la capital de La Rioja”, agregó Brizuela, quien resaltó que todas las acciones de Angelelli “prendían en los grupos sociales que históricamente habían sido postergados, invisibilizados, ninguneados y no reconocidos en sus derechos”.

Para Brizuela, la idea de Angelelli de plantear las diferencias sociales en un marco donde “el cristiano milite un cambio social”, trajo “enojo, bronca, y armado de estrategias en su contra”, y recordó que en los años ’70 surgió el movimiento “Los Ponchos Colorados”, basados en las consignas “tradición, familia y propiedad y que representaban a la tradición católica y la defensa de la propiedad privada”.

Con ese escenario, Angelelli fue tildado de “comunista porque no hablaba de la propiedad privada”, con una fuerte campaña de los medios de comunicación que, para Brizuela, “formaron una estrategia perfecta” a la que se sumó “la de la seguridad nacional, con protagonismo de las fuerzas armadas, los organismos de seguridad, los servicios de inteligencia, que acosaron a Angelelli generando un malestar que era sentido incluso entre los que lo apoyaban”.

“El diario ‘El Sol’ lo descalificaba todos los santos días. El obispo era ‘Satanelli’, el ordinario del lugar, decían que andaba con armas, con monjas y así decían de todo para estigmatizarlo”, remarcó el funcionario al advertir la presencia del “miedo y las dudas” con respecto a su figura.

“Llegó un punto donde fue acusado directamente ante el Papa Pablo VI, que tuvo que enviar un veedor personal, monseñor Vicente Zaspe, que ratificó a Angelelli”, manifestó.

El terrorismo de Estado tuvo como víctimas a muchos religiosos, entre ellos el párroco de la iglesia de Chamical, Gabriel Longueville, el vicario Carlos de Dios Murias, secuestrados y asesinados el 18 de julio de 1976, y un trabajador de las cooperativas, Wenceslao Pedernera, que era catequista de la misión de Angelelli.

Angelelli inició una investigación por los crímenes y el 4 de agosto, volviendo de Chamical a La Rioja, fue asesinado en la ruta, donde viajaba junto al vicario episcopal, Arturo Pinto, bajo la parodia de un “accidente automovilístico”, que la justicia se encargó de confirmar como una acción “premeditada” condenando a Luciano Benjamín Menéndez y a Luis Fernando Estrella a prisión perpetua.

A %d blogueros les gusta esto: