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El Valle Vicioso, un vergel entre colosos de granito y la inmensidad del cielo riojano

Llamado Saucemayo por los diaguitas, primeros dueños de las tierras, fue bautizado como Valle Vicioso por los adelantados españoles que, cansados de buscar el oro que contaban las leyendas, se fueron afincando en la región.

Por Télam

Enclavado en una de las regiones más fértiles de La Rioja y al cobijo de la falda occidental de la Sierra de Velasco, el Valle Vicioso regala a los sentidos de quien lo visite una sucesión de paisajes que entremezclan el ocre rosáceo de su tierra con el verde de sus árboles frutales y sus cactus, es un lugar que conmueve a los turistas.

Llamado Saucemayo por los diaguitas, primeros dueños de las tierras, fue bautizado como Valle Vicioso por los adelantados españoles que, cansados de buscar el oro que contaban las leyendas, se fueron afincando en la región.

“Vicioso” quizás sea un nombre que su primera lectura confunda: no hubo allí bacanales ni festejos desmedidos, el nombre deriva de la “facilidad” para obtener los cultivos de una tierra que, hasta hoy, continúa bendecida por la fertilidad que le otorga el río Los Sauces.

El río, apenas un hilo de agua durante el invierno y torrentoso en verano, es usado para el riego y permite el cultivo de frutas como duraznos, ciruelos, nogales y de las infaltables vides que motorizan gran parte de la economía del lugar.

Desde Andolucas hasta Alpasinche, donde la ruta 40 cede parte de su recorrido a la 60, doce pueblos ven pasar sus días al compás cansino que la autovía más extensa del país mantiene por esas latitudes del departamento San Blas.

Este tramo, de 22 kilómetros, está dotado de todos los servicios que el viajero pueda necesitar: combustible, productos regionales, una estación de servicio, oficinas de correo, mercados y hasta un restobar con presencia en las redes sociales, brindarán lo necesario.

No hay allí turismo de aventura, no hay shoppings ni otro símbolo de tiempos de vértigo; sólo la naturaleza de la región que parece llegar hasta las mismas casas, habitadas por gente simple dispuesta a atender cualquier requerimiento de quien los visite.

Transitando la ruta 40 desde Chilecito hacia Catamarca, una cerrada curva anuncia el ingreso a San Blas de los Sauces, con la pequeña localidad de Andolucas como primer pueblo de la serie de comarcas del Valle Vicioso.

El municipio construyó allí un completo camping que permite hacer un alto en el viaje y disfrutar de sus completas instalaciones, que incluyen seis bungalows, espacios para carpas, una pileta y parrillas, en un entorno donde las aguas del deshielo forman una olla natural apta para el baño y para la práctica de tirolesa.

El camping, que según Daniel Garutti, director de Turismo de San Blas, “da trabajo a 60 personas”, recaudó durante la temporada pasada “un millón de pesos”, se autofinancia con recursos propios y será remodelado a partir de septiembre, habilitándose nuevos sectores de mesas y parrillas.

El predio municipal es un activo centro de eventos; a fines de enero allí se elige a la reina provincial de Turismo, en un festival del cual la modelo Ingrid Grudke es madrina y en el que, según Garutti,”se ponen más de 15.000 personas en la cancha”, atraidos por artistas de la talla de Luciano Pereyra, Marcela Morelo y Los Nocheros, entre otros.

Retomando el camino, puede verse hoy, a la entrada de Schaqui, el progreso de una obra encarada por el gobierno provincial: el Hotel Yanti aspira a ser la parada necesaria para quienes visiten el sitio arqueológico de Hualco, que parece mirarlo desde arriba de la sierra, a poco más de mil metros siguiendo una imaginaria línea recta.

Sus 20 habitaciones en construcción se hacen necesarias frente a la poca oferta que presenta el valle hoy, conformada por cinco emprendimientos familiares que no sobrepasan las dos habitaciones, a excepción de la posada que el emprendedor Henry Sánchez lleva adelante junto su mujer en Cuipán, la siguiente localidad atravesada por la ruta 40 y acceso al sitio arqueológico de Hualco.

Las localidades de Las Talas y Los Robles darán paso con su continuidad a San Blas donde, frente a la plaza principal, su centenaria iglesia merece un desvío y una pausa en el camino; cada 3 de febrero, peregrinos de la zona rinden culto al Patrono de las Gargantas, en una celebración a la que acuden locutores, cantantes y actores quienes elevan sus plegarias en forma de canto, convirtiéndola en un verdadero festival de la canción.

Siguiendo al norte, quien por allí transite no puede dejar de lado la oportunidad de visitar el emprendimiento municipal agroindustrial que produce, desde hace cinco años, dulces elaborados con materias primas de la zona.

Duraznos, cayotes, zapallos y naranjas se transforman allí en un producto de primera calidad, destacándose el membrillo en pan, de una consistencia y sabor pocas veces visto.

Prosiguiendo el derrotero, Salicas posee un camping, Las Palmas, ubicado frente al histórico paraje La Casona y sus cautivantes ruinas; allí también se puede disfrutar de una pileta de aguas termales con propiedades tónicas y curativas.
Cerrando el romance de la ruta 40 con el Valle Vicioso y dejando atrás Chaupihuasi, las casas bajas de Alpasinche dan la despedida, anunciando que sólo 150 kilómetros la separan de la capital riojana, a la derecha, y que el límite con Catamarca está a menos de ocho, a la izquierda.