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La sombra de Milani persigue a Macri

Milani no está quieto. Se han jurado mutuamente venganza con Stiuso después de la muerte de Nisman. Fijó posición pública sobre la actualidad en una radio.

Por Eduardo van der Kooy para Clarín

Se está abriendo para Mauricio Macri un escenario peligroso. La pesadez de la economía sigue siendo una mochila difícil de cargar. Nada hace prever que su peso disminuya antes del año que viene. El segundo semestre dejó de ser una ilusión. En este marco, el clima político se viene intoxicando. Con una espiral de amenazas y provocaciones, donde resulta difícil discenir quién es quién. Porque parece filtrarse también la mano del espionaje. De ese submundo pudo salir el primer reto al Presidente para un ejercicio de transparencia. El ingeniero desplazó al director de la Aduana, Juan José Gómez Centurión. Pero no está totalmente convencido acerca de lo que hizo.

Ante la aridez que exhibe su Gobierno en otros campos, no tuvo más remedio que resultar expeditivo. Cesó a su amigo y ex combatiente de Malvinas por una denuncia que le acercó Patricia Bullrich. Una grabación clandestina que revelaría irregularidades en aquella dependencia. Presuntas extorsiones para recibir coimas. Macri llegó al poder con el mandato de adecentarlo. Tal exigencia creció a medida que comenzó a develarse la montaña de corrupción que escondió el kirchnerismo. La vara está por las nubes.

Aquella determinación detonó tensiones dentro de Cambiemos. Hubo ministros que le dijeron a Macri que se había apresurado. No fue lo peor. La diputada Elisa Carrió se fotografió abrazada a Gómez Centurión. Un certificado de honradez para el desplazado. Un búmeran para la determinación presidencial.

El director de Aduanas denunció ser víctima de una maniobra mafiosa. Carlos Barreiro Laborda, su mano derecha denunciado por Bullrich, responsabilizó a agentes de inteligencia. Marcó a Silvia Majdalani, la número dos de la AFI (Agencia Federal de Inteligencia). Los mayores enigmas se centrarían en la propia denuncia. Una grabación que fue editada. Que incorporó incluso tramos de algunos mensajes de WhatsApp del celular de Gómez Centurión. Esas captaciones serían posible sólo con la utilización de una sofisticada tecnología. Que no abunda entre los espías que trasegan formalmente el suelo y el aire del territorio nacional.

Las investigaciones sobre el caso se han bifurcado. Por un lado está la corroboración del presunto delito. Por otro, la matriz de la denuncia. A Gómez Centurión lo rodea una historia con halo de honestidad. Incluso el titular de la AFIP, Alberto Abad, no habría registrado con el acusado ningún contratiempo en ese aspecto. Algunos en cambio en el campo laboral, porque el destituido impregnaba sus acciones con lógica militar. Distinto sería el concepto sobre Barreiro Laborda. Un hombre que merodea esas esferas desde las épocas de Carlos Menem. Una vez intentó ser desplazado pero recibió la firme protección de Ramón Hernández, inamovible secretario privado del ex presidente.

La acusación contra Majdalani despertó viejos fantasmas. Tal vez de identidad falsa. La mujer está donde está por su relación con Francisco Larcher, el hombre de confianza de Néstor Kirchner en la antigua SIDE. Ese lazo activó el nombre de Jaime Stiuso, el topo más conocido y lúgubre de la Argentina. Hasta Gómez Centurión lo mencionó aunque luego se rectificó. La cuestión sería ahora bastante menos lineal que entonces. La sociedad de Larcher con Stiuso, por ejemplo, se resquebrajó desde que Cristina Fernández ordenó al ex amigo de su esposo que abandonara el seguimiento de la pista iraní por el atentado en la AMIA. Ocurrió cuando decidió firmar el Memorándum de Entendimiento con Teherán. Llegó luego la denuncia contra la ex presidenta y la misteriosa muerte del fiscal Alberto Nisman.

Tampoco Majdalani maneja todos los resortes de la AFI. Posee una incidencia innegable. Pero Gustavo Arribas, el amigo futbolero que Macri colocó en el timón de inteligencia, habría empezado a apilar algunos ladrillos. Repuso en su cargo a dos mujeres especialistas en espionaje antiterrorista que habían sido cesadas por Oscar Parrilli. Se empeña en desarrollar y controlar los programas de ciberinteligencia. Pretende reponer a media centena de profesionales que fueron reemplazados por jóvenes de La Cámpora.

El interrogante que desvela a Macri –también a Bullrich– frente al pleito de Gómez Centurión sería: ¿cómo habría sido construida la denuncia e interceptados sus mensajes? Las respuestas abren un abanico de especulaciones. Extendería además el problema desde el plano político no sólo al de inteligencia: también a las Fuerzas Armadas.

La cúpula del Ejército está constituida por ingenieros y oficiales de inteligencia. Que supieron formarse con la impronta que impuso el ex teniente general César Milani, cuando manejó la fuerza en tiempos de Cristina. El actual director de Inteligencia, José Eduardo Arce, es un discípulo suyo. Esa sería apenas una parte del problema. El ministro de Defensa, Julio Martínez, se esfuerza por poner orden en una cartera que encontró desencajada. Pero hay cosas que permanecerían en un limbo.

Hay dos camionetas de origen japonés con equipamiento de última tecnología que Milani entregó a cada unidad de inteligencia cuyo paradero aún se desconoce. Tampoco se saben dónde estarían un par de equipos de intercepción de llamadas –incluso satelitales– que por una cifra millonaria el ex teniente general adquirió en Israel. ¿Hay espionaje que está funcionando por afuera de las estructuras institucionales y de poder? Esa es la percepción de Gómez Centurión sobre la denuncia que lo golpeó. Esos son los mismos temores que invaden al macrismo.

Milani no está quieto. Se han jurado mutuamente venganza con Stiuso después de la muerte de Nisman. Fijó posición pública sobre la actualidad en una radio. Sus argumentaciones no resultan distintas a las que propalan Cristina y el ultrakirchnerismo. Subraya el “rencor y la violencia” que estaría sembrando el gobierno de Macri. Habla sobre la supuesta persecución judicial “a todos aquellos que ocuparon cargos relevantes en el gobierno anterior”. Apunta, sin decirlo, a Cristina. Reivindica a Guillermo Moreno como “un peronista honesto y leal”. Es socio del ex secretario de Comercio en un emprendimiento gastronómico. Una panchería.

Su aparato de inteligencia clandestino podría servir a otras causas. ¿Es una casualidad que hayan pululado las amenazas contra Macri y María Eugenia Vidal? ¿Por qué, pese al seguimiento, las autoridades no pueden precisar, salvo excepción, el origen de las intimidaciones? ¿No es llamativa también la propensión al desorden y la violencia que muestran ciertas protestas de organizaciones sociales, en especial de la izquierda?. La refriega con policías en el Puente Pueyrredón, la semana anterior, no fue acicateada por el Movimiento de Jubilados y Pensionados. Participaron militantes de la Corriente Clasista y Combativa (CCC). Los incidentes se reiteraron el miércoles en la autopista a La Plata con la Coordinadora de Trabajadores Desocupados (CTD). Allí terció Quebracho, que conduce Fernando Esteche. La figura de ese dirigente está vinculada desde hace mucho a la inteligencia del Ejército. Podría estar también enredada con Milani. Nunca nadie pudo saber cómo se financia ese grupo que ya recorrió 25 años. No fue un improvisado el que arruinó la camioneta de una persona impedida de circular. También habría que reparar en la débil prevención: el protocolo Antipiquetes que promueve Bullrich se pone en marcha con pereza.

El reclamo de aquellos jubilados pudo ser tan legítimo como cargado de paradoja. El Gobierno se ha visto obligado a adoptar medidas duras –varias mal implementadas– para intentar escapar de la calamitosa herencia económica de los K. Pero hipotecó buena parte de sus metas fiscales con la reparación dispuesta a los jubilados. Representa una inversión social de $ 75 mil millones. Ningún sector ha recibido una recompensa siquiera parecida.

Hay quienes afirman en el Gobierno que en aquellas turbulentas protestas hubo también activistas de MILES, el partido de Luis D’Elía. Un día después, el ex piquetero convocó mediante un comunicado a participar de cualquier movilización contra Macri. Sin distinción de banderas ni ideologías. Los K se acoplaron a las Madres de Plaza de Mayo en una ronda de resistencia contra Macri. “Nuestro gran enemigo”, desafió Hebe de Bonafini. Todo suena a desproporción, más allá del momento difícil.

Gómez Centurión no fue el único espiado. También sufrió Guillermo Marijuan. El fiscal fue grabado clandestinamente cuando hablaba por WhatsApp con un periodista sobre su decisión de pedir la indagatoria de Cristina y prohibirle la salida del país por ocultar millonarios giros al exterior durante el conflicto con los fondos buitre. “Esto puede terminar con su detención”, arriesgó el funcionario. La Cámpora salió a cruzarlo. Recrudece la embestida contra el fiscal.

Esta radicalización tendría varias explicaciones. El Gobierno sembró el campo con la pésima gestión sobre el aumento de las tarifas. Los sectores talibán de la oposición lo aprovechan a partir de un flanco que deja el macrismo: es ducho en las redes sociales, pero carece del hábito para militar la calle. Todo coincide, por otra parte, con una complicación judicial de Cristina en sus causas por corrupción. La ex presidenta regresó a la actividad política por un motivo central: irá en las legislativas del año próximo en busca de los fueros que, por omnipotencia, despreció en vísperas de su salida del poder. Se creía intocable y advierte ahora que ya no lo es.