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Similitudes y diferencias entre la primera renovación del PJ y la que ahora impulsan gobernadores e intendentes

Con todo, también son varios los puntos de disparidad, comenzando por el hecho de que la actual regeneración del PJ no cuenta aún con un líder y candidato para las próximas elecciones que resulte indiscutible para todos los sectores.

Por Télam
La primera renovación del peronismo de los años ochenta tiene, si se quiere, una cuantas similitudes con la “modernización” del movimiento justicialista que hoy impulsan un grupo de gobernadores, legisladores e intendentes del pj que pretenden la deskirchnerización del partido.

Con todo, también son varios los puntos de disparidad, comenzando por el hecho de que la actual regeneración del PJ no cuenta aún con un líder y candidato para las próximas elecciones que resulte indiscutible para todos los sectores.

A la hora de rememorar la gestación de aquella “renovación”, que tuvo en sus inicios como figura excluyente al dirigente bonaerense Antonio Cafiero, surge, sí, de inmediato, una ineludible coincidencia entre la situación que azotaba al peronismo en los primeros años de recuperada la democracia y estos tiempos: en uno y otro proceso, la derrota en las urnas del PJ, tanto a nivel nacional como en la provincia de Buenos Aires, resultó ser el disparador para una revitalización del partido fundado por Juan Domingo Perón.

En ese sentido, la renovación -entendida como un cambio de metodología política-, surgió en el peronismo desde la necesidad de recuperar el poder perdido, tanto en 1983 como en 2015.

Pero ahí aparece otro costado antagónico: la primera renovación respondió básicamente a las elecciones presidenciales de 1983, cuando Raúl Alfonsín se impuso sobre Ítalo Argentino Luder, en lo que fue la primera derrota electoral del PJ.

En cambio, esta actual transformación tiene lugar, derrota de Daniel Scioli mediante, tras 12 años de kirchnerismo como máxima expresión de poder.

Aquella derrota del peronismo, con Ítalo Luder como candidato a presidente fue un duro golpe para el justicialismo, porque se sumaba a que Perón había muerto en 1974 y, dos años después, la última dictadura cívico militar había derrocado al gobierno de Isabel Perón y llevado a cabo un plan sistemático de detención y desaparición de una generación de jóvenes peronistas que iban a ser la renovación del PJ también en el plano de las ideas.

Derrotado por la UCR y en plena crisis, el peronismo quedó en manos del compañero de fórmula de Luder, Deolindo Bittel (Chaco), aunque el más influyente entonces era el gobernador catamarqueño Vicente Saadi, quien entonces era el jefe de bloque en el Senado de la Nación, mientras que Herminio Iglesias, que también había perdido en 1983 como candidato a gobernador, dirigía el destino del partido en la provincia de Buenos Aires.

Ante esa conducción férrea y sin participación del partido, que ejercían apoyados por los gremios, se inicia un proceso de “renovación” de dirigentes jóvenes que tenían como principal objetivo volver al poder y reconocían que las prácticas metodológicas empleadas entonces por el justicialismo eran “viejas” y se vinculaban a tiempos de un país sumergido en la violencia política y, en este punto, se incluye la quema del ataúd con los colores radicales en el cierre de campaña de Luder, por parte de Herminio Iglesias, un hombre identificado con la ortodoxia y el vandorismo.

Previo a la elección legislativa de 1985, sin internas orgánicas libres en la Provincia, comenzó una discusión sobre el futuro del partido y fue Cafiero, con el apoyo de los entonces intendentes Eduardo Duhalde (Lomas de Zamora) y Julio Carpinetti (Florencio Varela), quien pateó el tablero y le ganó a Herminio con una ventaja muy amplia, presentándose a la cabeza del Frente de la Justicia y la Democracia y la Participación (Frejudepa), por fuera de la estructura del PJ, y usando el sello de la Democracia Cristiana.

La victoria a diputado nacional de Cafiero en la provincia de Buenos Aires, con el respaldo de varios intendentes en rebeldía con la conducción partidaria, tiene una semejanza al inicio de este segundo proceso de renovación peronista, que ahora tiene como protagonistas centrales a los intendentes del llamado grupo Esmeralda, un conglomerado de jefes comunales bonaerenses del PJ, entre otros Martín Insaurralde (Lomas de Zamora) y Gabriel Katopodis (San Martín).

Desde esa victoria en el principal bastión del peronismo, la renovación estalló en el resto de las provincias y la crítica a la vieja conducción se expandió de la mano de dirigentes como Carlos Menem (La Rioja), José Manuel de la Sota (Córdoba), Carlos Grosso (CABA), José Luis Manzano, José Octavio Bordón (Mendoza), Raúl Carignano (Santa Fe) y Rubén Marín (La Pampa).

La idea estratégica que tenían los renovadores en ese tiempo era civilizar al PJ, democratizarlo, alejarlo de la discusión setentista que enfrentaba a sectores antagónicos de la derecha e izquierda peronistas; es decir, renovarle la imagen ante la sociedad, pareciéndose al radicalismo de Alfonsín que les había ganado sin objeciones.

Entonces, otra similitud entre ambos procesos es que los nuevos dirigentes se revelan contra su jefe político y lo acusan de la derrota electoral, tal como sucede ahora con Cristina Kirchner, el candidato presidencial por el FpV Daniel Scioli y el candidato a gobernador bonaerense Aníbal Fernández.

Aquellos renovadores no marcaban grandes diferencias ideológicas con los dirigentes tradicionales sino que más bien los cambios eran de formas ya que la doctrina peronista de justicia social, independencia económica y soberanía política que defendían era la misma, al menos antes de la llegada del neoliberalismo.

Se puede remarcar una última diferencia no menor con estos tiempos porque el deseo de parecerse más al partido que los derrotó obligaría a los peronistas a acercarse a la lógica que guía al presidente y líder del PRO Mauricio Macri, lo que pone en una situación más incómoda ya que el radicalismo de Alfonsín no exigía un giro tan rotundo como es la deskirchnerización del peronismo que tiene como desafío la segunda renovación.