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Milani: Inquieto por la Justicia, con proyectos en el PJ y lejos de La Cámpora

Esta preocupado por el secuestro de Ramón Alfredo Olivera, en La Rioja-, que por la investigación del presunto enriquecimiento ilícito.

Por La Nación


Retirado del Ejército y afiliado al PJ bonaerense, César Milani sigue conjugando el verbo militar. Socio de Guillermo Moreno en un emprendimiento comercial -la fábrica de panchos Tío Tola, en Ingeniero Maschwitz-, apuesta a la militancia en el peronismo, lejos de La Cámpora y de las expresiones ultrakirchneristas, si bien no perdió la lealtad a Cristina Kirchner.

Lo decepcionó Daniel Scioli, a quien no le convenció en plena campaña electoral su sugerencia de comprometer más a las Fuerzas Armadas en el combate al narcotráfico en la frontera norte.

Esa misma propuesta le transmitió en una reunión reservada a Mauricio Macri, un día antes de que asumiera la Presidencia, según contaron a la nacion allegados al militar. Fue un contacto aislado, que no tuvo respuesta ni continuidad.

Quienes lo frecuentan, lo han visto decidido a militar en política, sin descuidar la defensa de las cuentas judiciales pendientes, con sus abogados Gustavo Feldman y Mariana Barbitta. Pero, según se pudo saber, se lo notaba más preocupado por los casos en los que se le imputan delitos de lesa humanidad -la desaparición del soldado Alberto Ledo, en Tucumán, y el secuestro de Ramón Alfredo Olivera, en La Rioja-, que por la investigación del presunto enriquecimiento ilícito.

“Mi padre siempre tuvo dinero, no hay ninguna irregularidad, lo puedo demostrar”, confiaba a sus allegados hasta pocas horas antes del dictamen de los peritos de la Corte Suprema. Ahora está bajo sospecha la compra de su casa en San Isidro, que en virtud de sus ingresos no puede justificar.

Con uno de sus hijos y con un coronel retirado de su confianza, Milani formó en el último año una consultora dedicada a la estrategia de negocios. Entre otros áreas, se siente capacitado para ofrecer asesoramiento en temas de seguridad. Un área de doble filo, en manos de quien fue el hombre fuerte de la inteligencia militar.

Al margen de las causas judiciales, pesan sobre Milani acusaciones por el incierto destino de camionetas Toyota Hilux, con la más avanzada tecnología en materia de comunicación, que habían sido incorporadas al área de Inteligencia del Ejército. En el mundo del espionaje se lo vincula con Fernando Pocino, una de las cabezas de la ex SIDE, con quien habló varias veces por teléfono el fin de semana que se encontró el cadáver de Alberto Nisman.

“En los días anteriores habían desaparecido armas en una unidad del Ejército; por eso hablé varias veces con Pocino”, es la justificación que el militar da a sus allegados. Del mismo modo, se lo ubica en la vereda de enfrente del ex agente de inteligencia Antonio Stiuso, lo que robustece las versiones que le atribuyen haber montado un aparato paralelo de inteligencia.

Hoy, las lealtades de Milani se ajustan a la nueva etapa política. Compañero de ruta de Moreno, con quien se asoció en el emprendimiento de la panchería por una propuesta del empresario Carlos Alberto Castelli (dueño de Isadora), rescata la transición encabezada en el peronismo por José Luis Gioja. Si bien su propia familia desarrolló actividad política en Córdoba -su provincia natal- lo desvela el sueño de caminar políticamente la provincia de Buenos Aires.

De su adhesión al proyecto nacional y popular del kirchnerismo quedaron su reconocimiento a Carlos Zannini, con quien siempre tuvo diálogo y quien le pidió que diera un paso atrás en el Ejército, en medio de la campaña electoral, y su pésima relación con Oscar Parrilli, el último jefe de Inteligencia de Cristina Kirchner, a lo que suma su desconfianza con la mayoría de los dirigentes de La Cámpora. Pese a su acercamiento con Hebe de Bonafini, los responsabiliza de la política de aprensión con que el kirchnerismo -con el propio Milani como brazo ejecutor- hostigó a las Fuerzas Armadas.