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Ingresos Brutos: el impuesto que “bancan” los gobernadores pero es cuestionado por el “resto del mundo”

El tributo ganó importancia en la “caja” de las provincias en los últimos años y se convirtió en un recurso que los líderes consideran “intocable”. Sin embargo, el afán recaudatorio terminó generando cambios en la estructura que intensificaron las deficiencias propias del gravamen

Por IProfesional

Ingresos Brutos es un impuesto que tiene dos bandos claramente identificados. Por un lado, están los gobernadores y, por el otro, una suerte de “resto del mundo” donde se encuentran especialistas, particulares y empresas.

Los líderes provinciales son los que defienden el tributo. ¿Por qué? La respuesta es simple y se resume en dos palabras: poder recaudatorio. Con las cuentas públicas comprometidas, fue un instrumento infalible para obtener fondos de manera constante.

Su importancia fue en ascenso, al punto que, tal como explicó a iProfesional Ariel Barraud, miembro del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), los fondos obtenidos llegan hoy en día a ser el 80% de los recursos propios de las jurisdicciones.

Y, si se tiene en cuenta que las políticas llevadas adelante por las provincias muestran un incremento en los gastos inelásticos como sueldos y beneficios sociales (es decir, que no se pueden reducir fácilmente), queda claro que los mandatarios no sólo no quieren, sino que no pueden disminuir esta “caja”.

En la vereda de enfrente se encuentran los particulares y empresas que son quienes deben soportar una carga tributaria que fue en ascenso durante los últimos años y que, tal como informó el IARAF, no detuvo su marcha este año.

Basta chequear uno de los informes de la consultora para confirmarlo: en 2016 fueron 11 las jurisdicciones que optaron por incrementar la presión que ejerce Ingresos Brutos sobre la actividad económica.

La resistencia de quienes deben hacer frente a este impuesto es lógica, ya que una carga tributaria tan fuerte puede terminar atentando contra el negocio. Pero, además, sus quejas no son las únicas que se escuchan.

Por el contrario, son cada vez más los especialistas que apuntan sus dardos contra el gravamen. Ocurre que, con el paso de los años, Ingresos Brutos fue intensificando las deficiencias propias que acarrea y que lo convierten en un impuesto no deseable.

Se puede afirmar que la situación de este tributo es similar a lo que sucede con el Impuesto a las Ganancias a nivel nacional: es extremadamente pesado para empleados y compañías, pero el Ejecutivo no puede modificarlo porque acusa un rojo difícil de sostener.

Un impuesto que gana impulso
En los últimos años, Ingresos Brutos fue ganando terreno en el total recaudado de las provincias. Por caso, mientras en el 2001 apenas representaban algo menos del 60%, hoy las cifras rondan el 80 por ciento.

La importancia que cobró el tributo también se puede comprobar al analizar la carga tributaria de algunos sectores en particular. Por ejemplo, si de alimentos se trata, el gravamen representa un 8,2% del precio final.

La cosa no difiere demasiado si se desmenuza la estructura de las bebidas. Los porcentajes son del 7,4% y del 7,7% cuando los productos estudiados son las gaseosas y las aguas o jugos, respectivamente.

Un detalle no menor que resalta el IARAF es que, al analizar la porción impositiva de los precios, se convirtieron en el tercer impuesto más importante, apenas por detrás del IVA y de las cargas sociales.

La rapidez con la que genera fondos para la “caja” provincial es, para los gobernadores, el motivo con el que

argumentan

la

necesidad

de

mantener

y, en algunos casos, hasta

ampliar

el

alcance

del impuesto.

Por este motivo fue que para el 2016, según afirmó el IARAF, 11 de las 24 jurisdicciones implementaron un incremento en la carga que ejerce el gravamen, sobre todo, en la actividad económica.

El crecimiento en la presión tributaria a grandes contribuyentes se debe a cambios variados, entre los que se destacan:

Aumentos de alícuotas.
Nuevos tramos de facturación con mayores alícuotas.
• Creación de sobretasas.
Eliminación de descuentos.
• Incrementos indirectos o implícitos.

Para entender un poco los motivos que generan el aumento de la carga tributario es necesario recordar que Ingresos Brutos es un tributo que grava las ventas efectuadas por los diferentes agentes económicos.

Ya sea que el destino del producto o bien sea el consumo final como la provisión de insumos y servicios para otras actividades económicas, todo queda en la órbita del gravamen.

Dicho de otro modo: todas las etapas están alcanzadas, desde los productores, pasando por los distribuidores, hasta llegar al que termina comprando los productos en el supermercado, almacén o kiosko.

Además, suele ocurrir que las operaciones realizadas en dos o más jurisdicciones terminen agravando la situación. Ocurre que, en algunos casos, puede suceder que se genere una múltiple imposición.

Los problemas del gravamen
Los especialistas consultados por este medio dieron cuenta de una serie de factores que convierten a Ingresos Brutos, desde la perspectiva estrictamente tributaria, en un impuesto no deseable.

Al respecto, Mario Buedo señaló que la primera cualidad altamente negativa es que grava el ejercicio de la actividad económica con propósitos de lucro en una determinada jurisdicción sin tener en cuenta los resultados de la misma ni la capacidad contributiva de los sujetos que lo soportan.

“De ésta manera se establecen alícuotas altas teniendo en cuenta que las mismas se aplican sobre ingresos brutos y sobre todas las etapas de producción, distribución y comercialización sin computar como crédito de impuesto lo pagado en la etapa anterior“, sostuvo el socio del estudio Montero & Asociados.

Esto termina provocando los efectos conocidos como “cascada” y “piramidación”. Precisamente, este último es el fenómeno que se produce cuando el aumento del precio final del producto es mayor que lo que recauda el fisco.

“Esto se da cuando estamos frente a un impuesto al consumo indirecto en cascada, como es Ingresos Brutos dónde además se produce la acumulación ya que el impuesto aplicado en cada etapa pasa a ser costo en la siguiente“, añadió Buedo.

Por otra parte, Sofía Devalle puso de manifiesto otros dos problemas que acarrea el gravamen en la actualidad: el efecto negativo que genera sobre la inversión y la exportación de la carga tributaria.

Respecto del primer punto, la economista del IARAF destacó que esto es así debido a que el tributo grava tanto la venta de bienes de capital como los insumos utilizados en los procesos productivos.

En cuanto al segundo punto, manifestó que este efecto negativo se produce en el sentido de que una provincia termina gravando y cobrando el tributo por operaciones concertadas por contribuyentes de otras provincias.

Por otra parte, la especialista del IARAF puso de manifiesto un punto no menos importante de los que ya se mencionaron: la invisibilidad de la carga tributaria que tiene el Impuesto sobre los Ingresos Brutos.”Al no estar discriminado en la factura le dificulta al votante conocer cabalmente cual es la presión tributaria de cada jurisdicción y permite ocultar la verdadera carga tributaria que su existencia provoca”, remarcó la especialista.

Otro de los aspectos negativos del tributo deriva de la aplicación de los tan “temidos” regímenes de retención y percepción que, en los últimos años, se han popularizado en las diversas jurisdicciones.

Al respecto, Buedo advirtió que el avasallamiento de estos regímenes por sobre el monto efectivo del impuesto acarrea al contribuyente dos consecuencias muy negativas:

a) La generación de saldos a favor permanentes (efecto financiero negativo)
b) Mayor presión tributaria que la establecida por ley -esto se da, en numerosas oportunidades, por la dificultad existente en los mecanismos para solicitar devoluciones de los saldos a favor-.

Buenos Aires, un caso en particular
Al momento de ser consultada sobre las falencias del gravamen, Fernanda Laiún, especialista en impuestos y precios de transferencia del estudio Laiún – Fernández Sabella & Smudt puso como ejemplo lo que sucede en Buenos Aires para marcar la problemática.

Para la especialista, el Impuesto sobre los Ingresos Brutos “se hizo carísimo” en los últimos años en la jurisdicción que dirige actualmente María Eugenia Vidal.

Algunos de los problemas giran en torno a las deficiencias que arrastra la Agencia de Recaudación de Buenos Aires (ARBA). Por caso, las demoras que existen en la actualidad a la hora de otorgar un certificado para no sufrir retenciones.

En este sentido, Laiún explicó que “si un contribuyente tiene saldo a favor, el pedido de certificados de ‘no retención’ sólo se puede hacer cuando los pagos a cuenta de los últimos tres meses superan el impuesto promedio”. Y añadió: “El sistema no tiene en cuenta saldos a favor preexistentes. Esto es de una injusticia incalificable“.

Según sostuvo la experta, “la provincia cobra y obliga a sus contribuyentes a recaudar en su lugar sin poner un peso, cargando de requerimientos e intimaciones a sus recaudadores e incluso cobrándoles el impuesto de otros“.

En definitiva, según la visión de la especialista de Laiún – Fernández Sabella & Smudt, el costo del impuesto creció por distintos factores, entre los que mencionó:

• El crecimiento desmesurado de las tasas y el costo de administración de los regímenes de retención y percepción.
• La presión de los inspectores.
• Los regímenes de fiscalización automáticos desarrollados con poca técnica impositiva.

“La suma de todo esto repercute en un enorme costo para las empresas que, por supuesto, pagamos entre todos“, concluyó.

Algunos cambios necesarios
En los últimos meses comenzó a cobrar importancia una alternativa planteada para reemplazar Ingresos Brutos: el IVA provincial. Si bien las conversaciones comenzaron, todos coinciden en que se trata de un proceso que llevará tiempo.

Mientras tanto, son muchos los que consideran esencial que haya cambios para reducir la carga fiscal que actualmente recae sobre los particulares y empresas.

Al menos así lo manifestó el IARAF al afirmar que “se considera esencial que al menos se plantee una reducción de la presión tributaria” o que, al menos, se analice “una vuelta atrás con la eliminación de exenciones y subas aplicadas en los últimos 7 años en las diferentes jurisdicciones”.

Para la consultora, si bien se trata de un impuesto “invisible”, es importante que se revise cuanto antes la situación, ya que “termina a la larga incidiendo de manera importante en los precios que pagan los consumidores“.

Por su parte, un trabajo elaborado por Elvira Balbo, vicepresidenta de la Comisión de Tributos Locales y Municipales del Consejo Profesional porteño (Cpcecaba) dio cuenta de algunos cambios que serían necesarios para favorecer el desarrollo de las actividades económicas.

Entre los puntos mencionados, sobresalen:

Considerar las exenciones que fueron oportunamente otorgadas.
Disminuir paulatinamente las alícuotas.
• No generar contribuyentes interjurisdiccionales en base a la mera aplicación de presunciones.
Limitar la generalización de los múltiples regímenes de recaudación y percepción existentes
Derogar las “Retenciones Bancarias” que se efectúan sobre cualquier crédito que se produzca en las cuentas bancarias del sujeto y que se encuentran escindidas del hecho imponible.
Otorgar a las Pyme un tratamiento especial similar al otorgado para el IVA.

Más allá de la importancia que genera en las arcas estatales, queda claro que Ingresos Brutos tiene falencias que deben ser revisadas. Sobre todo si el objetivo es el de lograr una mayor equidad a la hora de aplicar impuestos.