El viernes, el Gobierno juntó a 1872 intendentes para los lineamientos del nuevo modo de relacionarse

Por Infobae

Días atrás, Luis Miguel Etchevehere aseguró que desde la Sociedad Rural Argentina no tienen por qué poner en duda que el Gobierno no vaya a cumplir con su promesa de baja de las retenciones a la soja. Sin embargo, la certeza de Etchevehere se diluyó apenas fue proferida: sucede que, según el exhaustivo análisis realizado por la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública (ASAP) sobre el proyecto de Ley de Presupuesto elevado por el Poder Ejecutivo para el año próximo, el Gobierno no prevé una baja de las retenciones a la soja para el año próximo.

En un año electoral, la noticia, que es mala para el campo, es buena tanto para gobernadores como para intendentes, quienes reciben el 30% de lo recaudado por derechos de exportación a la soja vía transferencias directas. En efecto, hubo una constante en las respuestas de los intendentes de todo el país que el viernes se reunieron en Tecnópolis al ser consultados por las obras en ejecución: “Las únicas que tenemos son las que hacemos con fondos propios”. El Fondo Federal Solidario, más conocido como “fondo sojero”, calmó las urgencias de más de un jefe comunal este año, del mismo modo que lo hará el año próximo, si además, como está previsto, la cosecha supera la de este año en un marco de “sojización” de exportaciones, según la caracterización que hizo Guido Rangugni, vocal de la ASAP.
Los intendentes que respondieron a la convocatoria del ministro del Interior Rogelio Frigerio este viernes salieron de Tecnópolis sin anuncios concretos sobre las obras públicas. Según explicó un jefe comunal de un distrito grande del conurbano, lo que recibieron fue lo esperado: discursos breves, “poco ideológicos” y promesas de “asistencia” para una agenda de “modernización” municipal.

En efecto, durante el 1er Encuentro Nacional de Intendentes -que reunió a 1872 jefes comunales, de todo el país y de todos los partidos políticos: una foto sin antecedentes en la política reciente, sólo equiparable a los multitudinarios encuentros con alcaldes que realizaba Carlos Menem en los ’90 para “puentear” a los gobernadores-, el gobierno de Cambiemos puso arriba del escenario a expositores de lo que considera modelos internacionales exitosos de gestión municipal, mostró su agenda de modernización municipal y prometió asistencia técnica para quienes la soliciten. Un ejemplo: si bien la gestión de residuos es una competencia local, el ministro Sergio Bergman puso a disposición los equipos técnicos del Ministerio de Ambiente para que los 2237 municipios de la Argentina sean “ciudades sustentables” con “basura cero”.

En otros términos, el mensaje del Gobierno a los intendentes fue que terminó la época del látigo y la chequera, que en adelante las trasferencias a las provincias irán por los carriles institucionalizados y que el rol del Estado nacional será de prestador de servicios técnicos que, por envergadura, los municipios no pueden tener: un nuevo modo de relacionamiento de la Nación con los intendentes que muchos en el peronismo no terminan aún de procesar.

La convocatoria estuvo a cargo de los hiperactivos Aída Ayala y Lucas Delfino -secretaria de Asuntos Municipales y subsecretario de Gestión Municipal, respectivamente-, e incluyó desde el jefe comunal del municipio más pequeño del país (Víctor Candia, de Paso del Sapo, Chubut), hasta Verónica Magario, gobernante de “la quinta provincia”, La Matanza, con una población 3800 veces mayor que la del partido chubutense.

Al abrir el encuentro, Frigerio echó mano a un lugar común: aquel que dice que los intendentes son “la primera trinchera de la política pública en el vínculo con la ciudadanía”. Más allá del cliché, la frase tiene su cuota de verdad: como lo reconoció el ministro, los jefes comunales han sido quienes más han padecido los cimbronazos del sinceramiento macroeconómico y el “aprendizaje” de Cambiemos en la gestión de lo público, y quienes, en lo inmediato, afrontan el desafío de sofocar la inestabilidad estacional tradicional de las fiestas de fin de año. En efecto, cuando los calores primaverales aún se hacen esperar, con un 32,2% de pobreza, el deseo de “un diciembre en paz” comenzó a escucharse en boca de varios alcaldes de distritos potencialmente conflictivos. Advertencia o amenaza, la cuestión está planteada.