Con la fuerza de su canto y el golpe de su caja, la Bruja Salguero marca la cancha en la música argentina. “Debo seguir mi grito interior, y no es fácil, porque hay muchas voces en el medio, muchas distracciones”, dice antes de presentar un show que promete varias sorpresas.


Por Página/12 
“M’hija, usted cuando vaya a cantar, diga algo”. Ese es el primer consejo que la Bruja Salguero cuenta que le dio su padre, cuando tenía doce años e hizo su debut profesional en el Festival Nacional de la Chaya. Por ese lado anda, dice. “Y vamos a seguir por ese lado”, dice también. Porque si hay algo que marca al repertorio que elije esta potente intérprete riojana, es una fuerza en el decir que sorprende en el cómo, pero también en el qué. Y ese qué se embellece con compositores que son referentes, como Ramón Navarro, pero también con toda una camada de jóvenes compositores que la cantante se preocupa por buscar y dar a conocer. Así lo hizo en Grito interior, el premiado disco que está presentando por todo el país. Y así lo hará, con renovada convicción, cuenta, en el nuevo disco en el que ya está trabajando, y que ya tiene nombre: Norte. Algún adelanto de ese trabajo, más todos los temas que viene rodando, sonarán hoy a las 21 en La Trastienda (Balcarce 460). Será en un show con sorpresas que no se pueden develar, pero en el que seguro gravitará esa fuerza cantora que ha sabido pulir como marca propia la riojana.

A paso lento pero firme, María de los Angeles Salguero –la Bruja– ha sabido proponer un lugar muy personal dentro del folklore, desde aquellos comienzos en La Rioja hasta que se mudó a Buenos Aires, convencida de que era necesario para su carrera. Con un estilo que muestra mucha fuerza pero a la vez muchas sutilezas, con un repertorio delicado en su elección, que supera lo paisajístico para abordar también cuestiones del paisaje social, a veces emprendiendo proyectos con colegas como Bruno Arias (con quien grabó el disco Madre tierra), en patas en el escenario, con la fuerza de su canto y el golpe de su caja, la Bruja Salguero marca la cancha en la música argentina.

Al momento de la entrevista sigue conmocionada por la película que cuenta la vida de Gilda, que vio hace poco. “¡Cuán reflejada se siente una como mujer!”, se asombra, y enumera: “el lugar de la mujer dentro de lo artístico, y más que nada lo musical, lo difícil que es encontrar un compañero que te banque, que sea de verdad compañero, los celos, la mirada machista de la sociedad, lo que pasa cuando una mujer no cumple el rol que se supone debe cumplir, sobre todo en las provincias, la familia que la acusa de no criar bien a sus hijos, el qué dirán, ella que vuelve tarde a la casa, después de actuar, los ve dormidos y se siente culpable…”.

–¿Se sintió muy identificada?

–Bueno, yo siempre tuve la posibilidad de hacer mis cosas, pero hay todo un peso social que una tiene que enfrentar que sí, sentí muy cercano. Me vi identificada en los desafíos que ella tiene que enfrentar por esto de dejar “el papel de” y salir a decir: no, yo quiero otro papel para mi vida. Yo no conozco el ambiente de la cumbia, pero sí el del folklore, y la verdad, es muy machista. Y es muy difícil tener un compañero que te banque, que entienda que el artista, cuando está arriba del escenario, le pertenece a toda esa gente que fue a verlo. En mi caso, mi marido es mi productor, tenemos hijos, los criamos con amor, pero yo no siempre estoy en los actos del colegio, porque viajo mucho, y tenemos que amoldarnos a eso. No fue fácil, tuvimos que aprender, todos. Y seguimos aprendiendo.

–Recorrió el país con Grito interior, se presentó en lugares muy distintos. ¿Qué le deja el rodaje de este disco?

–Mucha satisfacción, de saber que hay muchas y muchos como yo, en las provincias, en los pequeños pueblos, buscando cantar para decir algo, como me pedía mi papá. Eligiendo la música de raíz folklórica, aunque sepan que por ahí si hacen un estilo más melódico les puede ir mejor, o pueden “llegar más rápido”. ¿Llegar adónde? Si a mí lo que más me interesa es seguir buscando…

–De aquella niña que se subía por primera vez a un escenario recibiendo el consejo paterno, a esta mujer que es hoy, ¿qué aprendió?

–Que puedo ser, y debo ser, yo. Que debo seguir mi grito interior. Ojo, no es nada fácil, porque hay muchas voces en el medio, muchas distracciones. A mí me han dicho: no te muevas tanto en el escenario, no hables tanto, para qué, te quita dulzura. Y yo al principio les he hecho caso, claro, no sabía diferenciar a los que te quieren poner en una jaulita. Otra vez, el machismo. Cantar descalza un poco tiene que ver con eso, me salió solo, en mi primer show en Buenos Aires. Yo estaba con mis tacos altos, bien maquillada, con el pelo todo tirante en un rodete, esperando subir a escena, cuando me agarró el pánico: ¿qué estoy haciendo? ¿ésta soy yo? Para calmarme me saqué un segundo las botas, pisé el suelo y en ese momento hubo una cuestión energética que no podría describir con palabras: me sentí en La Rioja, me saqué el chal, me solté el pelo, me sentí libre, yo. Y así quiero seguir.