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Alba Lanzilotto reveló los detalles del encuentro familiar con su sobrino, el 121 nieto recuperado

El nieto recuperado 121, llegó a la casa de su tía Alba acompañado por su esposa –con quien tiene dos hijos -, que lo definió como un hombre “muy sereno”. Antes hablo con la pareja que lo crió.

Por Télam
La tía del nieto recuperado 121, Alba Lanzilotto, pudo abrazar a su sobrino, el jueves pasado, cuando este fue a su casa a conocer a sus tíos y primos biológicos y reveló que “en cuatro días se concretó lo que busqué 40 años”.

Alba le contó a Télam, por vía telefónica desde su casa en el barrio porteño de Almagro, detalles del encuentro. En el diálogo confesó que luego de la semana que vivió le “cuesta mucho dormir” y aprovecha “a reponerse de la emoción” de recuperar a los 88 años a su sobrino, hijo de su hermana Ana María Lanzilotto y de Domingo Menna, quienes fueron secuestrados el 19 de julio de 1976 en Villa Martelli. Por entonces, Ana María, madre del nieto 121, estaba embarazada de 8 meses y dio a luz a su hijo en el centro clandestino de detención que funcionó en Campo de Mayo. 

“Quedamos en que él vendría el jueves a las 19 a mi casa. Y yo que soy obsesiva de la puntualidad llegué tarde porque había ido a la ex ESMA, al programa de radio de las Abuelas, y al regresar no podíamos encontrar un taxi”, contó la “abuela” que ingresó a la institución como secretaria, luego de su exilio, y ayudó a Ramiro Menna, su otro sobrino, a buscar a su hermano.

El encuentro familiar, con sobrinos y primos incluidos, duró cuatro horas: una picada a manera de recibimiento, preguntas y respuestas que se cruzaban, un libro de poesías escritas por Ana María al que su hijo, hoy recuperado, no dejaba de acariciar y unas empanadas para la cena, mostraron la calidez y naturalidad de momento vivido.

“Qué lindo tenerte en casa alcancé a decirle cuando me abrazó”, recuerda Alba y destaca que su sobrino “es idéntico a Ramiro” y que mientras pasaban las horas, “los más chicos se iban durmiendo y los más grandes se iban yendo, pero los hermanos no dejaron de hablar hasta último momento”.

El nieto 121 fue notificado de su identidad el 30 de septiembre pasado, luego de los análisis de compatibilidad realizados en el Banco Nacional de Datos Genéticos: Hasta el momento sus datos personales son resguardados tanto por Abuelas como por su familia, hasta el momento que él decida hacerlo público.

“A él le pasó la tormenta de su vida, porque nunca sospechó de ser hijo de desaparecidos, y a mí, en cuatro días, se me reveló lo que busqué 40 años”, resumió Alba sobre el momento que vivió, el mismo que piensa repetir porque se encontró con una persona “muy abierta que estaba muy feliz” de encontrar a su familia biológica.

El nieto restituido tiene dos hijos pequeños, la menor de ellos de tan sólo dos meses, y -contó Alba- tomó la decisión de hablar con la pareja que lo crió, antes de tomar contacto con su hermano Ramiro.

El nieto recuperado 121, llegó a la casa de su tía Alba acompañado por su esposa, que lo definió como un hombre “muy sereno” y del que se había enamorado “siendo el mismo que estaba sentado allí, junto a su familia”.

Alba hizo preguntas: supo que es médico homeópata, que dicta clases en una universidad y que tiene consultorio en Capital. Además les reveló que cuando habló con quienes lo criaron, ellos “le contaron la versión conocida. Que una partera les ofreció un recién nacido de una joven de 15 años que no quería criarlo y que lo aceptaron porque no podían tener hijos”.

“Fue un encuentro hermoso también con su esposa, que me decía que me admiraba mucho por la lucha de tantos años y me pedía que no bajara los brazos”, agregó.

También cuenta Alba que su sobrino “está muy agradecido del cuidado que tuvieron en la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad y por el respeto que todos nosotros tenemos porque desde que sabe quién es, tiene la palabra y las decisiones”.

“A algunos primos que veía les decía que ya los conocía por Facebook porque se pasa las noches buscando información de su familia”, relató Alba, todavía sorprendida de que, a cuatro días de conocer su identidad, su propio sobrino quiso abrazarse con su familia.