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Macri, el más optimista con el voto electrónico

Tras negociar con el massismo y el Bloque Peronista, el macrismo logró un piso de consenso para sancionar una reforma política, cuya principal novedad es la utilización de la Boleta Unica Electrónica.

Por Perfil 

El macrista más convencido sobre la aplicación del voto electrónico en todo el país es Mauricio Macri. Si bien hasta hace un mes el Gobierno aceptaba una implementación gradual en las legislativas del año próximo, tal como pretendía el funcionario que impulsa la reforma, Adrián Pérez, ahora el oficialismo pretende que la boleta única electrónica se use integralmente. En contra de las críticas sobre la vulnerabilidad del sistema, la resistencia de algunos aliados internos y las especulaciones sobre posibles beneficiados, Macri le bajó al equipo de Pérez su línea de optimismo-zen: “Ténganse fe, todo va a salir bien”.

Tras negociar con el massismo y el Bloque Peronista, el macrismo logró un piso de consenso para sancionar una reforma política, cuya principal novedad es la utilización de la Boleta Unica Electrónica. Otro punto controvertido es el “corralito” de las PASO: sólo se podría votar dentro de un partido o frente, sin la posibilidad de hacer cruces entre categorías electorales.

Todavía falta la aprobación del Congreso (en Diputados se tratará la semana próxima), y es posible que el oficialismo tenga que hacer otras concesiones, pero el proyecto ya está encaminado. Su autor intelectual es el secretario de Asuntos Políticos e Institucionales, el ex lilito y brevemente massista, Adrián Pérez. El presidente Macri, sin embargo, y al igual que ante los tarifazos de luz y gas, es su defensor más entusiasta.

Hasta hace un mes, el oficialismo avalaba una aplicación gradual del tecnovoto: empezar por un 30% del país en las legislativas. Pérez insistía en la postura del paso a paso, sobre todo para minimizar chances de error. Pero no logró persuadir a Macri: al contrario, el Presidente terminó por convencerlo a él y a su equipo.

De sancionarse, el gobierno tendrá diez meses para comprar las máquinas (costarían unos US$ 1.000), alquilar el software, organizar capacitaciones y preparar a los votantes. Así, a los cuestionamientos que ya recibe el e-voto (vulnerabilidad, posible fraude virtual y problemas de control), se le suma la crítica al apuro por implementarlo.

El voto electrónico fue una promesa de campaña de Macri. Y si bien hay un festival de especulaciones sobre posibles beneficiados, se supone que facilitaría el trámite electoral para los partidos con menos capacidad de fiscalización.

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