Caso Ledo: “Pedimos que la secretaría de Derechos Humanos sea querellante”

marcela-brizuela-alberto-ejercito-graciela_claima20161102_0289_28

Con la misma pasión que desde hace 40 años la motiva a saber qué pasó con su hijo, la mamá del soldado Alberto Ledo, conscripto desaparecido en Tucumán durante la última dictadura militar mientras se desempeñaba como “asistente” del ex jefe del Ejército, César Milani, acaba de llegar a Buenos Aires para escribir, junto a su hija, un nuevo capítulo de esta historia triste, de desgarro, de dolor y de lucha. Sus ojos bucólicos y de un marrón intenso contrastan con el blanco del pañuelo emblemático que envuelve su cabeza de 86 años. “Hasta que me muera voy a seguir luchando para saber qué pasó con mi hijo y para que se haga Justicia”, dice con un hilo de voz, Marcela Antonia Brizuela de Ledo.

La mujer y su hija Graciela (65) llegaron desde su provincia natal, La Rioja, para mantener una reunión con funcionarios de la Secretaría de Derechos Humanos. Buscan que ese organismo se involucre como querellante en la causa por la desaparición del ex soldado. De su único hijo varón. Su único hermano. Aquél que llamaban “Betito”, y de quien siguen estando orgullosas. Así se las percibe cuando lo retratan: “era un chico precioso, amigable, solidario”, coinciden mientras bucean entre sus recuerdos incunables.

Sin embargo, desde la ternura de ese recuerdo, las dos pueden saltar con versatilidad hacia el plano de la lucha en la Justicia. “Siempre esperamos que un organismo oficial como la secretaría de Derechos humanos tomara nuestro caso para darle un apoyo oficial. Pedimos que la secretaría se involucre como querellante en la causa. Nos dijeron que, en una semana, nos iban a contestar”, dice Graciela, mientras repasa los nombres de los funcionarios presentes en la reunión: José Schapira, subsecretario de Derechos Humanos y Mariano Fridman, coordinador del Programa Verdad y Justicia.

Es Graciela quien se encarga, luego, de resumir los últimos capítulos de la historia judicial. “Hace dos semanas, salió un fallo de Cámara que rechazó dos recursos de la defensa de MIlani. Y hace dos días, el juez instructor, Daniel Bejas de Tucumán se excusó de seguir en la causa”, cuenta. “Adujo sentirse agraviado moralmente porque la Cámara le ordenó la indagatoria a Milani”, dice la hermana del soldado, cuatro años mayor que él. Y aclara que el pedido de indagatoria es “por adulteración de documento publico y por encubrimiento”.

“Nosotros pensamos denunciarlo (al juez) ante el Consejo de la Magistratura por malas funciones. Porque no ha tenido el coraje suficiente de impartir Justicia. Sabemos que hay causas de lesa humanidad con menos pruebas, con responsabilidad menor que las de Milani, como guardiacárceles, que tuvieron otro curso. Por eso, necesitamos que el nuevo juez le de celeridad a la causa, que indague a Milani y a quien tenga que indagar. A todos los responsables. Todos los oficiales presentes en ese momento. El juez tiene facultades para seguir otras líneas de investigación”.

Graciela continúa: “Ahora se verá si le aceptan la renuncia al juez. Mientras tanto han pasado tres años con una causa que tiene muchos testimonios y muchas pruebas que ya debería haber llegado a juicio. Sin embargo, no llegó”. El único que estuvo detenido, es decir, con prisión preventiva domiciliaria fue Sanguinetti que ya no lo está”.

El general Milani, también sospechado por supuesto enriquecimiento ilícito, hace pocos días se defendió respecto del caso Ledo: “Nunca torturé, nunca secuestré, nunca maté”, dijo entonces.

Sin embargo, Marcela y su hija, insisten en que no van a bajar los brazos frente a la desaparición de Alberto, de Betito, del “Flaco”, como lo llamaban sus amigos. Ese chico de 20 años que estudiaba licenciatura en Historia, que le gustaba cantar y que luchaba por la apertura de un comedor escolar en una época oscura, donde todo eso pasó a ser pecado. Al menos, su mamá anida en su interior un consuelo: “lo persiguieron porque luchaba por un ideal”, dice mientras dobla con sus añosas manos, su preciado pañuelo blanco.

Por Clarín