Las lágrimas del cosechero riojano que pide trabajo en Concordia 

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Nació en La Rioja, viene de cosechar naranjas en Tucumán y antes hizo lo mismo con las aceitunas de su tierra natal. El 19 de octubre, al igual que en los últimos 6 años, viajó hacia Concordia. Lo hizo junto a su señora y su pequeño hijo, de 2 años y medio.

Trabajó 7 días, donde según la jornada puede cosechar de 300 a 600 pesos para su bolsillo. En una campaña óptima, estima al ser consultado por El Entre Ríos, puede llegar a ganarse 15 mil pesos. Lo dijo y sus ojos enrojecen, su voz se entrecorta y su chango (como le dicen en La Rioja) lo mira en silencio.

Lo que necesita

Néstor (su nombre verdadero queda bajo reserva porque tiene miedo) está angustiado. “Lo que queremos es que nos den continuidad de trabajo hasta que termine esto” dice en referencia a la cosecha del arándano. Él es parte del contingente de más de 300 personas que llegaron del norte.

“Yo vine con mi familia, junto con gente de Jujuy, Bolivia, La Rioja, Orán y Salta”, resume mientras que aclara: “Nosotros no estamos en el galpón (la ex CIPO donde Nación, Provincia y municipio encontraron alojados, en condiciones de hacinamiento, a hombres y mujeres), vivimos a una cuadra de ahí, donde alquilamos. Vinimos con familia”. 

“El tema es que, el otro día (fue el martes 1 de noviembre), nos cayó una inspección. Vino el Ministerio de Trabajo, Renatea y el intendente Cresto”, precisó y recordó que “él habló con nosotros y nos dijo que quería todo lo mejor para nosotros. Y que esto no nos iba a perjudicar en nada”. 

Pero sí fueron perjudicados. “Nosotros, al otro día (este miércoles 2 de noviembre) cuando salimos a trabajar, la inspección nos perjudicó porque las fincas nos cerraron la puerta directamente a causa de este tema”.

Lo que recibe

Defendió al contratista que los trajo. “La empresa que siempre nos traía quebró y este año vinimos con el señor Andrini. Hizo una inversión grande porque somos muchos”, planteó y admitió que había que hacer mejoras pero que “no estamos mal, se dijeron muchas mentiras”. 

Nosotros a esta empresa, del señor Andrini, no la conocemos, pero lo que yo he visto es que el hombre tuvo una buena disposición para traer la gente a este lugar. No lo podía haber hecho otra empresa, porque hay mucho gasto. 

¿Ahora, en el galpón no están bien?, fue la pregunta atento a las gacetillas municipales (ver: Descubren a 400 trabajadores hacinados en un galpón) que detallaron cómo fueron encontrados en su residencia e, incluso, derivó en una denuncia hecha este viernes. 

“En el galpón sí estamos bien. Ahí tenemos la cama, el colchón y nos dan la comida. Lo que pasa es que hubo un malentendido”, explicó. ¿Cómo es eso? “Hay cosas que se hablaron y no son así. Yo creo que si hay cosas que mejorar y el dueño de la casa no tiene problemas. Pero hay cosas que se hablaron que son mentira, como de retención de documentos, que la gente pasa hambre.

Néstor convive, en una casa cercana al galpón, junto a su esposa y otros dos matrimonios, además de sus respectivos hijos. En un monoambiente de 10 metros cuadrados tienen un baño, con calefón y lavarropas, una cocina y 9 camas (una simple y 3 camas cuchetas (dos triples y una doble).
Lo que les pasa

¿Tus compañeros, los que vinieron con vos a trabajar y están en el galpón, qué dicen?

“Ellos están molestos, no con la empresa que nos trajo porque con ellos estamos agradecidos porque hicieron un esfuerzo grande para traernos y lo que nos hablaron lo cumplieron. Están cumpliendo ellos”. 

Sin trabajo, muchos optaron por volverse “pasaje en mano y sin dinero” a sus lugares de origen. Un centenar, aproximadamente, aún espera en Concordia una nueva oportunidad de cosechar arándanos. 
“La empresa no quiere deshacerse de nosotros y que nos vayamos sin un peso. Ellos buscan la forma, hacen el esfuerzo, nos siguen dando de comer, pero del otro lado te cierran la puerta. Creo que el intendente tiene el poder, así como nos hizo cerrar la puerta, para que nos abran la puerta”, planteó. 

¿Estás enojado? “Sí” atinó a responder y comenzó a lagrimear nuevamente. La entrevista no siguió. Suficiente angustia para un hombre que apuesta al trabajo como sostén de su familia. 

Un vecino sirvió un par de vasos de gaseosa, fresca, en un mediodía de 30 grados. El hijo de Néstor se acerca, no toma y pide guardarla en una treta pack vacía. Reserva unos pocos centímetros cúbicos para cuando tenga sed. Administra la mala, como su padre, que espera por la buena nueva de poder volver a cosechar en la ciudad que él eligió para trabajar por una campaña.

Por  El Entre Ríos