Álvaro Del Pino: “Para nosotros el Dakar tiene bajo costo”

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En enero, la Argentina volverá a recibir al Dakar. Será la novena edición consecutiva en Sudamérica de este particular rally que atrapa a más de 250.000 personas en cada una de sus etapas, despierta críticas por su impacto ambiental y motoriza un negocio millonario: según estimaciones de la Sigen, la última edición movilizó US$ 215 millones en el país.

“En el mundo de los eventos deportivos, el punto clave es el impacto económico que pueda generar. Nosotros cada año imaginamos nuevos paisajes, dificultades e itinerarios, para mantener el interés deportivo”, asegura a LA NACION el francés Etienne Lavigne, director general del Dakar, quien asegura que para la edición 2017 desembolsarán US$ 10 millones en la Argentina. El principal rubro de ingresos, dice, es la ficha de inscripción de los participantes (14.800 euros en motos y cuatriciclos, 25.100 en autos, 37.400 en camiones, 10.000 por vehículo de asistencia), aunque eso no cubre todo el presupuesto. “No podemos imaginar organizar este tipo de eventos sin el apoyo de los países”, dice Lavigne.

El debut de Paraguay -que recibirá la largada de la competencia en Asunción, el 2 de enero- será la principal novedad de una carrera de casi 9000 kilómetros, que viajará hasta La Paz, en Bolivia, y finalizará su recorrido de 13 días en Buenos Aires. Serán 189 participantes en las categorías motos y quads, 110 en autos y 55 en camiones en una caravana con alrededor de 60 países representados y más de 900 vehículos, contemplando asistencia, prensa y organización. Para recibir la carrera, además de brindar servicios y logística, la Argentina y Bolivia aportarán US$ 4 millones cada uno, mientras que Paraguay desembolsará US$ 3 millones. La ausencia de Chile y Perú en el recorrido 2017 (participaron en años anteriores) se explica en gran parte por este factor. “No podían recibirnos en las mismas condiciones económicas que antes”, sintetiza el francés.

Los auspiciantes locales y los derechos de televisación son las otras dos grandes fuentes de ingreso. Esta edición, la carrera recibirá a más de 130 medios, tendrá cobertura en 190 países y estima contar con más de 1200 horas de difusión de imágenes de la carrera y los paisajes.

Además de lo mediático, la competencia también tiene un impacto dinamizador en la economía local. El Dakar genera alrededor de 1000 empleos directos, entre los puestos vinculados con lo deportivo y el personal a cargo del abastecimiento de los pilotos y el campamento de partida y llegada de cada jornada. En la Argentina, ese efecto se percibe con mayor intensidad en las provincias que son atravesadas por alguna etapa y que, a lo largo del año, no suelen contar con una oferta de espectáculos masivos. “El Dakar es una carrera abierta a todo el público y eso explica por qué es tan aceptada”, comenta Álvaro Del Pino, secretario de Turismo de La Rioja, provincia que recibió el rally en sus nueve ediciones. “Para nosotros tiene bajo costo, porque proveemos la logística y la seguridad para el campamento, pero el retorno en cuanto a la difusión es increíble. Hay lugares como la precordillera o las dunas de Fiambalá que antes no eran tenidos en cuenta y hoy reciben visitas permanentemente”, ejemplifica Del Pino.

Según cálculos de la agencia Repucon -firma especializada en deportes hoy parte de Nielsen-, en la última edición del Dakar la Argentina se benefició con un total de US$ 104 millones en promoción de sus paisajes y destinos turísticos en medios globales. Y este año los organizadores introducirán las Ferias Dakar, exposiciones itinerantes que estarán en cada ciudad que sea inicio de etapa del Dakar y tendrán entretenimiento, opciones gastronómicas y stands promocionales de las provincias, el Estado nacional y el Dakar.

A lo largo de su avance por dunas, campos y desiertos, el Dakar también fue blanco de críticas vinculadas con los fallecimientos de espectadores y pilotos y por el impacto de la carrera en los ecosistemas donde transita. “Hay una percepción un poco negativa sobre este tema, pero para nosotros es una prioridad. Armar un evento así sin tener en cuenta este tema es imposible, porque la carrera no tendría futuro”, se defiende Lavigne, y acota: “Tenemos un proyecto de reforestación en la región y llevamos invertidos US$ 650.000 desde 2012”.

Si bien aún no largó su edición 2017, el Dakar mira hacia adelante y no tiene planes de volver a su continente de origen. “Es imposible volver a África por cuestiones de terrorismo y conflictos políticos; hay muchas cosas por hacer en Latinoamérica”, dice Lavigne, quien apunta a recuperar la presencia de Chile y Perú, y sumar a Brasil, que nunca recibió al rally.