La Rioja no pudo colocar deuda por la suba de tasas

zzzznacp2NOTICIAS ARGENTINAS WASHINGTON, EEUU, ABRIL 14: El ministro de Hacienda y 
Finanzas, Alfonso Prat Gay expone en Washington sobre 
"La nueva visión económica de la Argentina" en el Programa mundial 
empresarial y económico del Consejo Atlántico, en el marco de las 
reuniones de primavera del FMI y el Banco Mundial.
Foto NAzzzz

Septiembre y octubre fueron meses particulares para la economía: la actividad profundizó su caída, pero al mismo tiempo siguió aumentando el gasto y el nivel de déficit fiscal. Son dos problemas más que acuciantes, que desvelan al presidente Macri.

Sin embargo, los tiempos para resolverlos son bien diferentes. Los escasos resultados económicos podrían empezar a revertirse en el arranque de 2017, de la mano de una mejora del campo, la obra pública y la recuperación gradual del poder adquisitivo en un año con menos inflación.

El tema del déficit es mucho más complejo. Los niveles de gasto público se vienen acelerando en forma preocupante desde septiembre, con aumentos que superan holgadamente el 40% en términos interanuales, cuando la inflación apunta a niveles más cercanos al 20%. Esto significa que el nivel de gasto en términos reales (descontando la inflación) es mucho más elevado incluso que en los peores años del gobierno de Cristina Kirchner.

El resultado no puede ser otro que un aumento cada vez más acuciante del déficit fiscal. Sólo el rojo a nivel primario (es decir sin considerar los intereses de la deuda) llegará a 4,8% del PBI este año, pero hay que sumar otro punto por el déficit de las provincias. Y si a eso se agregan los interses el nivel ya roza los 8 puntos del PBI.

Para el año que viene el panorama no es mejor. Con necesidad de impulsar la obra pública para reactivar, la demanda de los gobernadores que precisan ganar en sus distritos en el año electoral, la mayor asistencia a planes sociales y una reducción acotada de subsidios, las necesidades fiscales se multiplican.
El propio Presupuesto 2017 reconoce que el rojo de las cuentas públicas bajará mucho menos que lo prometido inicialmente, teniendo en cuenta que a principio de año se habló de un 3,3%, pero que finalmente volverá a ubicarse en niveles más cercanos al 5%.

En términos prácticos, esto significa que el gobierno deberá buscar en los mercados financieros unos 35.000 millones de dólares. Unos 10.000 millones provendrían del blanqueo, ya que muchos elegirán pagar con Bonar 2017, lo que resultaría un rescate de deuda gratis para el gobierno, mientras que otros suscribirán el bono a siete años, que paga una tasa de 1% anual.

Pero aún así habrá que buscar unos 25.000 millones de dólares para tapar los agujeros fiscales. La victoria de Donald Trump es toda una novedad para el mundo, pero también tiene un impacto directo en la Argentina. La suba de tasas que se produjo en Estados Unidos en las últimas semanas provocó un impacto en la deuda emergente y también afectó a los bonos argentinos. Como resultado, hoy al gobierno le resultaría más caro conseguir financiamiento externo y además debería acortar los plazos.

Varias provincias ya han sido víctimas de esta situación. Entre Ríos no pudo colocar deuda, tampoco otros distritos más chicos como La Rioja y Tierra del Fuego, todas con planes para emitir bonos en el exterior. Algunas empresas también debieron resigna sus pretensiones, a la espera de una resolución favorable de las coyuntura.

Mientras tanto, el gobierno recurrió a 25.000 millones de pesos del Banco Nación (un crédito puente por 90 días), a mayor emisión de Letes en dólares (también a 90 días) y antes de fin de año recurrirá a fondos de la Anses para cubrir los faltantes. Sólo en el último bimestre el déficit fiscal estará en torno a los 120.000 millones de pesos.

Pero la incertidumbre está centrada en el 2017. Si no se acomodan las tasas, podría complicarse el plan financiero del gobierno, que consiste en buscar por lo menos unos 15.000 millones de dólares en los mercados internacionales. En el ministerio de Hacienda confían en que el riesgo país caerá aún en un contexto de subas de tasas internacionales. En otras palabras, consideran que la deuda argentina puede acortar sus rendimientos, acercándose a lo que pagan otros países de la región. Sin embargo, se trata de un planteo difícil de comprobar.

La victoria de Donald Trump no sólo genera preguntas desde el punto de vista del acceso de los productos que vende la Argentina a Estados Unidos (limones y carne, por ejemplo), sino especialmente por el recorrido que tendrán las tasas de interés.

Sin posibilidad de bajar el déficit fiscal en el corto plazo, y con el acceso a los mercados más complicado, empiezan a surgir entre los inversores la inquietud respecto a la existencia de algo parecido a un “Plan B” por parte del gobierno.

Y allí surge la opción de acceder a un financiamiento excepcional por parte de organismos multilaterales. La Corporación Andina de Fomento aparece como una de las opciones a mano, aunque por lo general presta asistencia para financiar obras y no para cubrir los baches fiscales.

Ese rol, en realidad, es el que tradicionalmente cumple el FMI. La pregunta es si existe margen político para volver a tomar fondos frescos del organismo, algo que no sucede en realidad prácticamente desde el 2001.

Por La Nueva