El peronismo podría perder el quórum propio en el Senado. Ése sería el escenario más optimista para la Casa Rosada de cara al recambio legislativo del año próximo, que, a priori, le podría reportar un importante aumento de escaños en la Cámara alta.

La prueba no es para nada sencilla. Es que para lograr arrebatarle al PJ-FPV el control del quórum (llave que permite habilitar una sesión sin ayuda de ninguna fuerza política), Cambiemos no sólo tendrá que repetir la performance de las elecciones legislativas de 2015, sino que deberá también dar un nuevo campanazo político en territorio bonaerense, como el que dio María Eugenia Vidal al ganarle al peronismo la gobernación del distrito más poblado del país.

A priori, el conglomerado oficialista, conformado por la UCR y Pro, tiene una prueba sencilla de cara al recambio que afrontará el Senado. De los 24 escaños en juego, correspondientes a ocho provincias (la Cámara alta renueva cada dos años por tercios su representación), sólo pone en juego tres.

La mayor carga estará sobre los hombros del PJ-FPV, que tendrá la difícil misión de mantener 16 escaños, obtenidos en las elecciones de 2011, año en el que Cristina Kirchner obtuvo su reelección con el 54% de los votos.
En la actualidad, Cambiemos sólo cuenta con 15 bancas, nueve de las cuales son de la UCR y las restantes de Pro y sus aliados provinciales. Se encuentra en sensible minoría ante un FPV todopoderoso, que reúne, contando a sus aliados, 42 senadores.

En este turno electoral, les toca renovar a Buenos Aires, La Rioja, Jujuy, Misiones, Formosa, Santa Cruz, San Luis y San Juan, todos distritos en los que el peronismo siempre tuvo una fuerte hegemonía electoral durante la última década.

Sin embargo, el mapa electoral se vio trastrocado en 2015, con la victoria de Mauricio Macri en el ballottage y el anticipo que de ese resultado dieron las elecciones legislativas, celebradas junto con la primera vuelta presidencial.

Nueva Cámara

Por eso, si en esos distritos se repitieran los resultados del año pasado (en los que sólo se eligieron diputados nacionales), Cambiemos vería mejorar de manera sensible su representación en el Senado.

Por lo pronto, la coalición entre radicales y macristas se alzaría con 10 de los 24 escaños en juego en octubre del año próximo. Sería una ganancia de siete bancas que pondría al oficialismo con un interbloque de 22 miembros. Una cifra nada despreciable, aunque aún lejana de los números que permiten administrar los tiempos de la Cámara alta.

No obstante, si este escenario se concretara le permitiría al oficialismo mejorar su representación en las comisiones, aunque todavía sin alcanzar la mayoría necesaria para impulsar los proyectos del Gobierno sin ayuda del PJ-FPV, como ocurrió en todo el primer año de gobierno de Macri.

El FPV, por su parte, y siempre tomando en cuenta los resultados del 2015, perdería cinco bancas y quedaría con un bloque de 37 senadores. Es el número exacto del quórum necesario para habilitar una sesión (mitad más uno del total de miembros) en el Senado.

Sin embargo, esa mayoría podría verse disminuida en dos escaños más y dejar al peronismo sin el control del quórum de la Cámara, algo que sólo ocurrió en los últimos años en 2009, cuando se constituyó el denominado “Grupo A” opositor al kirchnerismo, aunque fue por un efímero lapso.

Esto sería así si el macrismo lograse repetir el batacazo electoral que le permitió alzarse con la gobernación de la provincia de Buenos Aires. De esa manera, le arrebataría un escaño al FPV. La pérdida podría profundizarse si el PJ llegase a quedar relegado a un tercer lugar en una puja entre Cambiemos y el Frente Renovador. Entonces, se quedaría sin representantes bonaerenses. Sería un hecho inédito.

Por La Nación