El cierre del año obligó al Gobierno a replantearse la estrategia de negociación con los gobernadores del PJ, que son los que en los hechos marcan los límites de la gobernabilidad. El proyecto de reforma política primero, y el de modificación del impuesto a las ganancias después, dejó en evidencia que el Ejecutivo necesita rediseñar ese vínculo. Por eso, Mauricio Macri y sus principales funcionarios tienen decidido interceder, buscar fracturas en el PJ y evitar así que se repita la foto de todo el peronismo unido.

La estrategia tiene una doble vía: por un lado, busca tallar entre los propios gobernadores con la lógica bien PRO de “nueva política” versus “vieja política”, y por el otro, intentará apoyar a los mandatarios que tienen internas con sus antecesores y líderes del peronismo local.
La lógica con este segundo grupo es fortalecer a los nuevos gobernadores, que en muchos casos tienen que lidiar con una estructura “prestada”. Es el caso, por ejemplo, de Sergio Uñac. José Luis Gioja mantiene su peso en el peronismo sanjuanino, por eso Uñac necesita fortalecerse desde la gestión. Y el Gobierno busca ayudarlo en ese proceso y, obviamente, sacar un rédito político. En la misma situación están Gustavo Bordet con Sergio Urribarri en Entre Ríos, Domingo Peppo con Jorge Capitanich en el Chaco o Sergio Casas con Luis Beder Herrera en La Rioja.

Uno de los objetivos detrás de esa lógica está en la composición futura del Congreso. Muchos de los gobernadores con buena sintonía con el Gobierno tienen el problema de que los legisladores no les responden. Por eso, el oficialismo ve con buenos ojos que esos mandatarios se fortalezcan y puedan definir las listas en sus territorios, algo que redundaría en una mayor capacidad de negociación en el Congreso.
Pero por otro lado, en sectores del Gobierno se convencieron de que el mejor de los escenarios lo consiguen cuando el peronismo no se abroquela. “Lo que hay que evitar es cometer errores que junten lo diverso”, confío una fuente con acceso frecuente a la Casa Rosada. “Lo diverso incluye gobernadores “buenos” y gobernadores “malos””, indagó PERFIL. “Claro, siempre hubo de los dos. Y hay que fomentar eso”, concluyó.

Otra fuente gubernamental graficó el panorama: “Hay una quincena de gobernadores que entienden la lógica de laburar con el Gobierno, aunque sabemos que no nos van a apoyar en todo”. La mira ahora estará puesta sobre todo en la miniliga de diez gobernadores (ver infografía) que se formó durante el debate de Ganancias –son once si se suma al socialista Miguel Lifschitz–. Entre esos hay cuatro que son los “mimados” del Gobierno: Juan Manuel Urtubey (Salta), Juan Schiaretti (Córdoba), Sergio Uñac (San Juan) y Omar Gutiérrez (Neuquén). Son con los que la relación fluye de manera más natural.

En el lado opuesto están Gildo Insfrán (Formosa), Carlos Verna (La Pampa), Alicia Kirchner (Santa Cruz) y Claudia Ledesma (Santiago). Los dos primeros quedaron más expuestos como supuestos operadores en contra de las expectativas oficiales. Juan Manzur (Tucumán) llegó a estar en esa lista, pero la relación mejoró y esta semana Macri compartió un acto con él. Hoy está entre los “oscilantes”, como Mario Das Neves (Chubut), Lucía Corpacci (Catamarca) y Alberto Rodríguez Saá (San Luis).
En el Gobierno saben que cada proyecto será un debate nuevo, que los obligará a negociar. Pero ya va entendiendo en quiénes puede confiar más.

Por Perfil