En el Gobierno nacional la llaman “miniliga”. Como “Grupo Savoy”, en cambio, la identifican sus integrantes. Aunque alguno de ellos, de los más veteranos, no sin malicia política, le extiende la segunda sílaba, al estilo del memorable “chivo” televisivo de Alberto Olmedo: “¡Sa-voyyyyy!”; una jocosa manera de decir que están siempre listos ante un eventual desaguisado del gobierno de Mauricio Macri.

La alusión a aquel recurso publicitario del último gran capocómico argentino la escuchó este cronista en una de las galerías del Patio de las Palmeras de la Rosada, en el tórrido mediodía del martes pasado, de uno de los gobernadores integrantes del grupo Savoy, quien confirmó que la flamante “liga de gobernadores” nació para quedarse.

“Nuestro compromiso es dar gobernabilidad al país”, apuntó el mandatario, de salida de la reunión en la que 22 de los 24 gobernadores habían terminado de acordar con el Gobierno nacional los cambios al impuesto a las Ganancias que hizo ley el Congreso en las 48 horas siguientes.

Sin pretensiones de darle una institucionalidad, la liga Savoy, surgida de las dos reuniones de gobernadores en el hotel del mismo nombre sobre la avenida Callao, a dos cuadras del Congreso, resolvió sí dotarse de continuidad. Así, su primera reunión, tras haber sido un protagonista central en el entuerto político de Ganancias, ya tiene fecha: será en enero próximo, tal vez en el mismo hotel que le dio nombre, anticipó a este diario el mismo gobernador.

La agenda de ese primer encuentro aún está por definirse, pero es probable que surja allí el alerta que en el debate sobre Ganancias en el Senado planteó el cordobés Carlos Caserio respecto de los $ 3.500 millones de las provincias (sobre los $ 7.000 millones totales) cuyo pago asumió la Rosada vía ATN: ¿cómo se garantizará ese arreglo en 2018 dado que el acuerdo con los gobernadores fijó ese compromiso sólo para 2017 y de palabra?

Podría decirse que Macri lo hizo, si se trata de buscar un detonante de la conformación de la liga. Es que entre la media sanción que casi toda la oposición le había dado a su proyecto y la sesión en la que el Senado podía convertirla en ley, el Presidente dijo que no la vetaría, pero que las provincias correrían el riesgo de no contar con financiamiento para obras públicas en 2017.

La afirmación sonó a amenaza para más de un gobernador, incluso entre aquellos que se han comportado como aliados de la Rosada desde la oposición. De allí que ese mismo fin de semana largo se activaron los contactos telefónicos entre el cordobés Juan Schiaretti, el sanjuanino Sergio Uñac, el riojano Sergio Casas, el entrerriano Gustavo Bordet y el salteño Juan Urtubey.

De esos contactos iniciales surgió la decisión de intervenir, en primer lugar en defensa propia, pero también de la gobernabilidad de Macri ante el conflicto político de dimensión que podría producirse. “Fue más por necesidad que por decisión política”, dijo a este diario uno de los protagonistas, quien aseguró que a estas alturas “mantienen teléfono abierto entre todos y se consultan en más de un tema”.

Así fue como después de exponer algunos de ellos ante la Comisión de Presupuesto y Hacienda del Senado y de participar con una posición firme en la reunión del jefe del bloque PJ-FpV, Miguel Pichetto, con el viceprovisional Federico Pinedo, para que se abriera una perentoria instancia de diálogo y negociación (con la CGT en primer lugar), se llegó a la primera reunión en el subsuelo del Savoy.

Participaron entonces nueve gobernadores de la oposición y de distinta orientación política, que el martes pasado previo a la reunión definitoria en la Rosada, en la que se plantaron con que no pondrían un peso más de lo previsto en el Presupuesto 2017 para los cambios en Ganancias, llegaron nada menos que a doce: la mitad del total del país; bastante más, por cierto, que una “miniliga”.

Y con el más que significativo detalle político de que la conforman: ocho peronistas sobre 14 (Córdoba, Salta, La Rioja, San Juan, Tierra del Fuego, San Luis, Entre Ríos y Chaco), más tres provinciales sobre cuatro (Neuquén, Misiones Río Negro) y el socialista santafesino Miguel Lifschitz.

Una heterogeneidad política que es un elemento diferenciador más de la última y poderosa “liga” de hace 15 años, constituida sólo por gobernadores peronistas, varios de ellos con pretensiones presidencialistas (Eduardo Duhalde, Adolfo Rodríguez Saá, Carlos Reutemann, José Manuel de la Sota), en medio de la crisis institucional de la administración de Fernando De la Rúa en 2001.

Ésta, en cambio, “trabaja para garantizar la gobernabilidad del país, desde la prudencia y la razonabilidad”, al decir del sanjuanino Uñac, uno de sus principales animadores. O para que “hayamos vuelto a la gobernabilidad”, como dijo Schiaretti en la conferencia en la Rosada cuando se anunció el acuerdo por Ganancias.

La gobernabilidad propia y nacional es lo que terminó por amalgamar esta liga, aunque sus integrantes no dejan de tener otro interés común: muchos de ellos son gobernadores por primera vez y que aspiran a ratificar mandato en las elecciones que vienen, en pro de contar con legisladores nacionales más afines, cuando no propios en el caso de renovación del Senado. Son los casos, entre otros, de Uñac, Casas, Domingo Peppo (Chaco), Hugo Passalacqua (Misiones), Bordet, Omar Gutiérrez (Neuquén).

Del mismo modo que hay un interés proyectado hacia 2019, en el caso de Urtubey, que vio la oportunidad de “ligarse” cuando lo ayudaba a diferenciarse de quien siente su rival, Sergio Massa.

Por Los Andes