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Según Clarín, en La Rioja, gobierna Casas pero conduce Beder Herrera

Pactos de no agresión con el PRO. coqueteos con Sergio Massa o treguas internas. El peronismo se entrena para la elección de 2017, la primera fuera de la Casa Rosada en 15 años, con menú único: vale todo.

Urgencias de pago chico, la ausencia de un jefe mayor que ordene el mapa nacional y el rasgo local de la votación se conjugan para que, provincia por provincia, el peronismo -en el gobierno o fuera de él- arme su propio plan.

José Luis Gioja, jefe del Consejo del PJ, dictó una especie de indulto general. El sanjuanino -que quizá aparece en la boleta de su provincia- dice que por ser una elección provincial, cada PJ debe tener margen para hacer lo que considere más oportuno.

El mix electoral, que valida un formato diferente para cada territorio, tendrá una consecuencia operativa: licuar la marca Frente para la Victoria (FpV), sello electoral del peronismo desde que Néstor Kirchner ganó en 2003.​

“A los gobernadores nos sirve provincializar la elección y el nombre electoral va a ser propio” le dijo a Clarín un mandatario del PJ que ganó con el sello FpV y desliza un dictamen más denso: “El que pierde en su distrito este año, no juega más”.

​Con ese fin -no perder- el vía libre está activo. En Chubut, Mario Das Neves le ofreció un ministerio a un sector del PRO para fracturar Cambiemos y, a la vez, le pegó duro a Macri. La Casa Rosada puso condición: que se despegue de Massa.

En Entre Ríos, Gustavo Bordet sumó a massistas para evitar que se le fuguen votos peronistas. En la provincia Macri mide bien y Rogelio Frigerio tiene particular interés en que el PRO haga una buena elección.

En Catamarca parte del PJ, alejado de Lucía Corpacci, explora una alianza con el macrismo. Lo mismo le ocurre a Alicia Kirchner en Santa Cruz: lidia con el espacio que armó el ex gobernador Daniel Peralta.

Evitar la fractura interperonista es el objetivo. En Chaco, Domingo Peppo revalida su alianza con Jorge Capitanich aunque Aida Ayala, secretaria de Municipios de la Nación, está en campaña permanente en la provincia.

En Buenos Aires, batalla madre de 2017, el PJ cerró el año con una foto de unidad pero sin definiciones sobre candidaturas. Cristina de Kirchner mide bien pero los territoriales la amenazan con una PASO y no quieren que digite las listas.

Las Primarias pueden ser una solución también en Santa Fe donde ya se lanzó Agustín Rossi pero Omar Perotti todavía no mostró las cartas.​ El senador suele ser indicado por el gobierno como un peronista al que quieren “de socio”.

Otros, como los Rodríguez Saá, el formoseño Gildo Insfrán, el tucumano Juan Manzur y el pampeano Carlos Verna integran un pelotón que pulsearán feo con el PRO que esponsorea listas en esos distritos.

El peronista Claudio Poggi, ex gobernador que formo parte del clan R. Saá, saltó al PRO y pulsea con apoyo nacional. Adolfo termina su mandato como senador y debe reelegir.

En Tucumán y en Formosa hay funcionarios de Macri -José Cano y Domingo Amaya por un lado, y Ricardo Buryaile por el otro- que “con fierros de la Rosada” desafían al PJ.

En La Pampa, Carlos “Colo” Mac Allister, secretario de Deportes de la Nación, aparece como potencial competidor. 

En La Rioja, donde gobierna Sergio Casas pero conduce Luis Beder Herrera, el ministro de Defensa Julio Martínez está en la marquesina.
En San Juan, Sergio Uñac evita la confrontación explícita con la Casa Rosada lo que perfila un pacto de no agresión. El PRO fantasea con que Uñac rompa con Gioja.

En Salta manda Juan Manuel Urtubey, gobernador amigable con Macri que necesita una elección potente para relanzar la aventura presidencial. Por eso, negocia una pax electoral con el PRO y con Gustavo Sáenz, intendente de la capital, aliado de Massa.

En una sintonía similar está el cordobés Juan Schiaretti, peronista silvestre, socio de un socio de Massa -José Manuel De la Sota, fundador del cordobesismo- y amigo de Macri. Por Ganancias hubo chispazos entre Schiaretti y De la Sota que ahora tendrán que administrar la tensión electoral.

Por Clarín 

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