La imaginación prolífica de narradores del terror como Howard Phillips Lovecraff y Stephen King pudo cobrar vitalidad en un cementerio de La Rioja capital donde un increíble fenómeno paranormal sumió en el miedo más profundo a las autoridades, trabajadores y vecinos.

Si bien la situación ahora parece controlada, nadie le quitará la tremenda impresión vivenciada por los testigos de un hecho a todas luces anómalo atribuido al decir de los residentes en la zona donde se levanta el cementerio municipal El Salvador a las almas en pena que suelen dar la nota en ese lugar.

El personal de la seccional policial sexta de La Rioja también tomó cartas en el asunto pero su rol en la investigación del hecho no hizo más que sumar incertidumbre ya que las requisas efectuadas en el cementerio no hallaron ninguna explicación razonable a lo sucedido.

El desencadenante del episodio fue en setiembre pasado un incidente ocurrido en torno a una mujer a la cual el personal vio ingresar a la necrópolis un par de horas antes que culminara la actividad en el cementerio. El problema fue que la mujer jamás salió.

La recorrida efectuada por los guardias y sepultureros ya en horas de la noche no dio resultados positivos en el intento de encontrar a la supuesta visitante a la que recuerdan vestida de negro y con una bolsa blanca y a la que incluso le llegaron a advertir que la necrópolis estaba por cerrar pero sin obtener más respuesta que el “ya me voy”.

Las lápidas gritan

No solo la mujer, a la que describieron como de unos 40 o 50 años, no salió nunca sino que ya con la noche declarada empezaron a escucharse gritos espeluznantes provenientes del interior del cementerio. El director de la necrópolis riojana, comenzó a vivir horas traumáticas cuando al día siguiente, en el marco de una entrevista televisiva para un canal local, escuchó e hizo escuchar esos gritos desgarradores provenientes del área de las sepulturas en tierra.

El hecho fue puesto en consideración del intendente riojano Alberto Paredes Urquiza quien ordenó incrementar la seguridad en la necrópolis en la que el episodio mencionado lejos está de ser el único en su tipo allí registrado.
El propio Crinejo señaló en declaraciones periodísticas que unos vecinos le aportaron otro dato inquietante: unos días atrás habían visto como una joven salía y entraba del cementerio atravesando las rejas como si fuera un fantasma.

Según ese testimonio, la joven que salió como si careciera de materia del lugar, estuvo sentada llorando más de media hora en un banco de la zona parquizada situada frente a El Salvador, para al cabo de ese tiempo ingresar de nuevo a la necrópolis, es decir traspasando las verjas de hierro.

Frente a la situación, la respuesta más práctica de las autoridades del cementerio fue convocar a un sacerdote que bendijo todas las instalaciones en procura de controlar la manifestación de perfil paranormal que aterrorizaba a los trabajadores, medida que hasta aquí aparentemente ha resultado efectiva.

Por si hacía falta algo, hubo una profanación

La noche que la supuesta mujer desapareció en el cementerio hubo otro hecho traumático: en el marco de la búsqueda realizada entre las tumbas un empleado encontró una sepultura profanada.

Juan Crinejo -director del cementerio- relató a un canal riojano que al recorrer la zona donde la mujer había sido vista por última vez, vieron que una sepultura tenía indicios haber sido violentada. Efectivamente, cuando un sepulturero ya en la oscuridad de la noche levantó la tapa del ataúd, certificó las sospechas al ver que al cadáver le faltaba el cráneo.

Por Diario Popular