Samay Huasi, vocablo quechua que significa “casa de descanso”, es una finca de 17 hectáreas que el doctor González le compró al minero inglés William Treolar

Samay Huasi es un oasis serrano de copiosa vegetación recostado en la falda del Cordón de Paimán, a 6 km de Chilecito, La Rioja. Lo acunan el Velazco azul-violeta por el Este y el coloso Famatina con 6480 metros y sus cumbres siempre nevadas por el Oeste. Este pintoresco valle ha inspirado la prolífica obra de quien fue el fundador de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y luego decano de la misma entre 1905 y 1918, el mítico doctor Joaquín Víctor González, autor de Mis Montañas, laLección de Optimismo, la Oración a la Bandera, y un sinfín de volúmenes que fueron reunidos en 25 tomos, entre jurídicos, educativos, literarios y políticos.
Samay Huasi, vocablo quechua que significa “casa de descanso”, es una finca de 17 hectáreas que el doctor González le compró al minero inglés William Treolar en 1913 y que tenía por nombre “La Carrera”. El notable prócer y educador riojano de fecunda trayectoria fue jurisconsulto, diplomático, ministro de los presidentes Roca, Quintana y Figueroa Alcorta; gobernador de La Rioja a los 26 años, y autor del Código de Trabajo y Minería, de la Constitución provincial de La Rioja y de Córdoba. Destacado escritor, polígrafo y poeta.

Samay Huasi, lugar selecto para artistas y escritores, fue el sitio elegido por González para crear un universo propio, un refugio para su inspiración. Encontró en este paraje natural la serenidad de las mañanas, el aroma de las plantas, el trino de las aves, la policromía de los cerros y la presencia silenciosa de los cactus. Entre majestuosas montañas, y bajo un cielo diáfano, plantó perfumados rosales, dulces vides, robles, acacias, pacaráes, jacarandáes, palos borrachos y frutales. Un exuberante roble de Eslavonia fue cobijo de nutridos grupos de estudiantes que bajo su amparo tomaron clases de catedráticos enviados por la UNLP.

González se rodeó de símbolos como la “Puerta Etrusca”, que lleva una inscripción en latín que significa: “Nada Ni Nadie turbará mi paz”; la “Avenida de los Siete Sabios de Grecia”, representados en monolitos de piedra; la gran piedra roma, que González llamó “La Tribuna de Demóstenes”, convertida hoy en pedestal donde se erige una estatua en su honor que esculpió Sforza. Allí se ve a González en actitud pensativa escoltado por enhiestos cardones en flor. La casona es de estilo colonial. Las antiguas caballerizas fueron transformadas en dormitorios y salas en torno de bellas galerías coronadas por enredaderas multicolores. Desde el patio central es posible admirar esta acertada transformación. Este espacio está destinado a miembros de la UNLP, pero también está abierto al turismo.

La finca cuenta con una pinacoteca denominada Antonio Alice, en honor de su amigo pintor, con pinturas de temas costumbristas y paisajistas. En otro rincón del predio se halla el “Anfiteatro Griego” y la roca donde tradujo los Cien poemas de Kabir, de Rabindranath Tagore. Al final, “La Capilla”. Volviendo hacia la casa central se ubica la Avenida de las Rosas, un encantador trayecto que se recorre bajo el amparo de bellos rosales trepadores. Al final de la misma encontramos una monumental estatua de González en actitud meditabunda. Atrás, una escalera de piedra que fue tallada por González que conduce a un mirador. Actualmente, Samay Huasi pertenece a la UNLP y se mantiene gracias a los cuidados que recibe de esa universidad en homenaje a la memoria del ilustre prócer riojano.
Por La Nación