Pretende que en sus listas lleven candidatos que luego acompañen iniciativas clave del Gobierno. A cambio, promete fondos y obras. Recelo en la UCR.


Tienen preocupaciones en común y necesidades cruzadas: los gobernadores precisan fondos y el Gobierno, apoyo en el Congreso. Comparten, también, la intención de cerrarle los caminos al kirchnerismo en estas elecciones. El macrismo y el grupo de mandatarios peronistas de buena relación con la Casa Rosada desestiman un acuerdo formal para las legislativas, lo que generaría ruidos de fractura en Cambiemos y en el peronismo, aunque los intereses en juego alientan un pacto silencioso con una negociación que incluye el armado de las listas.

“Lo que ellos quieren, y nosotros por supuesto también, es que sumemos legisladores que nos respondan”, lo resumió ante Clarín un gobernador que pasó este mes por la Casa Rosada, y además de la idea del entendimiento se llevó una firma que le dibujó una sonrisa: la confirmación de una obra millonaria para su provincia, financiada por la Nación. Si se los consulta en público, lo más probable es que desde ambos sectores nieguen o minimicen las negociaciones.

En la mirada del Gobierno, el mapa se divide entre los cinco distritos gobernados por Cambiemos, los conducidos por opositores con relación difícil (Carlos Verna en La Pampa, Gildo Insfrán en Formosa, Alicia Kirchner en Santa Cruz, Alberto Rodríguez Saá en San Luis) y el resto con diálogo fluido por conveniencia mutua. Los peronistas Juan Manuel Urtubey (Salta), Gustavo Bordet (Entre Ríos), Sergio Uñac (San Juan), Domingo Peppo (Chaco), Hugo Passalacqua (Misiones), Sergio Casas (La Rioja), Rosana Bertone (Tierra del Fuego), en menor medida Lucía Corpacci (Catamarca), componen el grupo que buscará crecer en legisladores con apoyo del Gobierno.

Juan Schiaretti (Córdoba) y Mario Das Neves (Chubut) son casos aparte por la complejidad y la ambivalencia de los vínculos y el factor Sergio Massa, y por afuera del PJ aparecen también con buena sintonía Omar Gutiérrez (Neuquén), Claudia Abdala de Zamora (Santiago del Estero) y Alberto Weretilnek (Río Negro).

En Balcarce 50 padecieron que algunos, como Bordet, Peppo y Uñac, no cuenten con legisladores que les respondan. “Nosotros vamos a apoyar a los candidatos de Cambiemos, queremos ganar. Después, obvio que es más sencillo llegar a acuerdos de ‘gobernabilidad’ con ellos que hablar con La Cámpora o incluso Massa, que no tienen responsabilidades de gestión”, aclaró para no herir susceptibilidades en los socios y trazó la diferencia un funcionario del ala política.

El actual escenario lo atribuyen a que las listas las armaba Cristina Kirchner y a las disputas locales entre los mandatarios actuales y sus antecesores, en los casos mencionados con Sergio Urribarri (Entre Ríos), Jorge Capitanich (Chaco) y José Luis Gioja (San Juan), también más libres para expresarse, posicionarse y actuar de manera más crítica.

“Tienen que tomar la decisión de enfrentar a sus ex socios”, impulsan en el Gobierno. Las negociaciones incluirán una discusión sobre las listas: en la Casa Rosada buscarán tener opinión y eventual poder de veto sobre las candidaturas, según adelantó a Clarín un alto funcionario. También habrá un “acuerdo tácito de no agresión”, con una campaña de “baja intensidad”.

Aun en el caso de lograr un triunfo –incluso amplio- en octubre, el Gobierno no llegará a reunir quórum por su cuenta en ninguna de las dos Cámaras del Congreso. Esa debilidad impulsa la estrategia y a la vez enciende la alarma en los socios de Cambiemos. Celosos de que la asistencia con fondos y obras a gobernadores peronistas irá en detrimento de los referentes propios en las provincias, en el radicalismo advirtieron que sumar legisladores por afuera es un arma de doble filo. También argumentan que “el Presidente necesita apoyo y estos tipos en las malas enseguida se dan vuelta” y que la llamada campaña de baja intensidad inevitablemente tendrá sus costos para Cambiemos.

Los gobernadores peronistas venían conversando sobre el armado de un bloque propio de las provincias: lo llegaron a hablar en la Quinta de Olivos, en una de las citas con Mauricio Macri. Ese agrupamiento, previsto para después de las elecciones, divide opiniones en el Gobierno: para algunos ordenaría, para otros daría excesivo poder de negociación a los mandatarios.

Por Clarín