La sucesión de cruces y tensiones en el peronismo potenciaron en el Gobierno la perspectiva optimista de cara a la disputa electoral, con la estrategia de enfocarse en la gestión y marcar un contraste desde ese punto y el objetivo de mostrarse lejos de ese barro político. 
Aun así en la Casa Rosada se encendió una alarma ante la pérdida de terreno de Sergio Massa, por el riesgo de que en este caso esos votos se inclinen a opciones opositoras más que a Cambiemos. 

Según Clarín, la otra preocupación del macrismo, también con la mirada en el universo peronista, aparece sobre el armado de las listas de los gobernadores del PJ de buena relación con el Gobierno. El objetivo, en ese sentido, será empujar una conformación del Congreso con la mayor cantidad posible de legisladores que respondan a los mandatarios provinciales y así limitar el margen de acción del kirchnerismo.

“La caída de Massa no es una buena noticia para nosotros. A diferencia de lo que pasó en el balotaje, en este caso no está tan claro que lo que pierda venga para acá”, advirtió uno de los funcionarios que participa de las reuniones de estrategia electoral de Cambiemos. Aquella vez la opción era Macri o Scioli, este año el electorado del Frente Renovador podría tener otra alternativa peronista no kirchnerista. 

Otros dirigentes buscaron relativizar esa preocupación. “Sergio no deja de tener una pertenencia peronista y nos critica, puede ser que muchos votos vayan al PJ, aunque hay que ver si Randazzo se presenta y de qué manera. Si termina mezclado con D’Elía y Boudou, puede convenirnos a nosotros”, matizó uno de los hombres abocados a la provincia.

Graciela Camaño responsabilizó al macrismo de promover la salida de dirigentes del Frente Renovador, como Héctor Daer, una acusación rechazada tanto en la Casa Rosada como en La Plata. “Una interna fuerte del peronismo no nos sirve, más allá de que se pueda ganar en cualquier escenario, porque sería atractiva como para convocar más allá del electorado kirchnerista”, plantearon cerca de María Eugenia Vidal. 

En ese sentido contaron que generó cierta tranquilidad el resultado de los estudios que encargaron sobre el perfil de Randazzo: “Un dirigente opositor, bien instalado aunque disputando votos del FPV. El le está reclamando una PASO a su Presidenta. Y la designación de Alberto Fernández como jefe de campaña fue una gran noticia”. 

Por si acaso, en términos de gestión, la gobernadora comenzó a marcar con mayor énfasis la diferenciación con sus antecesores peronistas de los últimos 20 años: más allá del kirchnerismo y con Felipe Solá como uno de los apuntados.

En la Casa Rosada también siguieron con atención el encuentro de un grupo de gobernadores peronistas el miércoles, que se juntaron con el objetivo de conformar un espacio propio para negociar en bloque con el Gobierno. 

De acuerdo con la mirada de unos de los macristas encargados de la relación con esos mandatarios, la reunión -el cordobés Juan Schiaretti, el tucumano Juan Manzur y el entrerriano Gustavo Bordet, entre otros- expresó la intención de tomar distancia del kirchnerismo, más allá de la presencia del vicegobernador santacruceño Pablo González.

Schiaretti habló de una “gobernabilidad de ida y vuelta”, en tono de reclamo. En Balcarce 50 se escuchó una figura similar, “gobernabilidad recíproca”, con una suerte de exigencia en este momento de armado de la listas: “Necesitan legisladores que les respondan, que entren al Congreso los de ellos”. 

En los anteriores turnos electorales, los candidatos los definían sus antecesores o Cristina Kirchner, ahora se desató una pulseada feroz por las lapiceras. “Nosotros queremos que los legisladores estén más con Manzur que con Alperovich, más con Casas que con Beder Herrera. Y los gobernadores también nos dicen que no quieren más librepensadores”, contó a modo de ejemplos un funcionario macrista. 

De ese modo, a su vez, el Gobierno buscará acotar el margen de maniobra del kirchnerismo en el Congreso y quedar en mejores condiciones para anudar acuerdos y alcanzar mayorías circunstanciales.