El orden liberal internacional, caracterizado por la apertura comercial, las relaciones basadas en normas y el multilateralismo, ha sufrido un fuerte embate. A diferencia de los pronósticos liberales, los ataques no provinieron de naciones con ideas y agendas antagónicas al mundo occidental, sino del propio seno de la administración norteamericana. La decisión de Donald Trump de retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París contra el cambio climático no sólo pone en riesgo el liderazgo norteamericano dentro del orden liberal internacional construido a partir de la Segunda Guerra Mundial, sino que también fortalece la posición diplomática de países como China y Alemania.

Ningún otro presidente norteamericano ha desafiado tan explícitamente los principios del orden liberal internacional como lo ha hecho Donald Trump desde el inicio de su gestión. Electo bajo el lema “América primero”, el líder republicano ya retiró a Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés), por lo que cede el liderazgo del comercio a China. Calificó de “obsoleta”, no sin luego desdecirse, a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), con lo que cuestionó la obligación de la defensa mutua y el reparto “desproporcionado” del gasto militar. Y amenazó con renegociar las condiciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta, por sus siglas en inglés).

Medidas domésticas de proteccionismo comercial y restricciones migratorias refuerzan el perfil nacionalista y aislacionista de la administración de Donald Trump.
 
Aunque los recientes bombardeos de Afganistán y Siria, conjuntamente con las operaciones militares en Irak, Siria, Yemen y Libia, denotan el pragmatismo de la administración republicana, el efecto acumulativo de la política exterior de Donald Trump ha generado grandes expectativas en el resto de las potencias del sistema internacional. La canciller alemana Ángela Merkel no tardó en reconocer públicamente que Europa ya no puede confiar completamente en el liderazgo de Estados Unidos, instó a los líderes del viejo continente a tomar el destino en sus propias manos. Por su parte, el presidente chino, Xi Jinping, deslizó críticas contra el proteccionismo norteamericano y llamó al resto de los integrantes del Foro Económico Global de Davos, Suiza, a fomentar el libre comercio entre las naciones y a aprovechar los beneficios de la globalización.

Sin embargo, el declive progresivo del liderazgo norteamericano no ha provocado grandes transformaciones en el orden liberal internacional. A pesar de los embates del propio presidente Donald Trump, las instituciones y las normas que rigen las relaciones internacionales en ámbitos concretos como el comercio, la seguridad y el medioambiente todavía siguen marcadas por los intereses norteamericanos de la última posguerra. Ni China, ni Alemania, ni ningún otro país o bloque en condiciones de asumir el liderazgo mundial han desafiado las ideas, las normas y las instituciones que han moldeado, para bien o para mal, el sistema internacional en el último siglo.

¿Es el fin de una superpotencia? Mientras el sustento militar y económico (este último en menor medida) de la supremacía norteamericana todavía no tiene parangón, la decisión de Donald Trump de ceder voluntariamente espacios de poder dentro del orden liberal internacional muy probablemente afecte la capacidad de Washington para influenciar la agenda mundial.

En estas condiciones, la posición relativa de Estados Unidos dependerá cada vez más de sus recursos tangibles, principalmente económicos y militares, y no de su liderazgo internacional.

Por Sebastián Cutrona para Infobae. El autor es profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de La Rioja.