El Gobierno se empeñó la semana pasada en quitarles dramatismo a los cambios que se vienen en el gabinete de Mauricio Macri. Lo hizo anunciando, por anticipado, que el próximo 14, día de inicio formal de la campaña, tres carteras se quedarán sin su ministro ya que partirá cada uno de ellos a luchar por su candidatura. Esteban Bullrich irá a la provincia de Buenos Aires a batallar por la lista de senadores, Julio Martínez con el mismo objetivo a La Rioja y José Cano, hasta ahora jefe del agonizante Plan Belgrano, a la de diputados en Tucumán. El movimiento, predecible y correcto en lo político, pretendió bajarle el tono a una reforma en el armado del gabinete que tiene tanto de necesidad política como financiera. Y en algunos casos es una combinación que puede traerle algún dolor de cabeza futuro al Gobierno. Sobre todo porque en la nueva arquitectura jugarán tanto los roces con el radicalismo como la ubicación de algunos que ingresan al Gobierno federal, como el caso del primo Jorge Macri.

La ampliación del gabinete que Macri anunció cuando llegó a la Casa Rosada chocó en los últimos meses con la necesidad de bajar el gasto. Es la misma reducción de costos de este Estado argentino, enorme e ineficiente al extremo, que el Presidente había prometido en la campaña presidencial de 2015 y nunca terminó de cumplir. Por eso la Casa Rosada se manejó en las últimas semanas con una interesante dualidad en el mensaje que da sobre la reforma de ministerios que se organiza para después de las elecciones.

Sabe Macri que la reducción del gasto y, por ende, el déficit no es una mala señal hacia sus votantes. Todo lo contrario, es quizás el movimiento que esperan muchos que ven ahogados sus ingresos con una presión tributaria insoportable que el Gobierno de Cambiemos mantuvo en los mismos niveles a los que la llevó Cristina de Kirchner.

De ahí que la reforma en el gabinete tenga dos caras: una fiscal virtuosa y otra política por necesidad. Se sabe que el Presidente busca destino para su primo Jorge, hoy intendente de Vicente López y colaborador de María Eugenia Vidal en el Bapro. El primo del Presidente, desplazado de la campaña bonaerense y también “víctima” del poder de censura de Elisa Carrió soñó en algún momento con el Ministerio del Interior; la rápida reacción de Rogelio Frigerio ante esa idea logró alejarlo, aunque no totalmente.

Dentro de la reorganización del gabinete, la Casa Rosada estudia la unificación de las áreas de Vivienda y Obras Públicas. Y ven ese cargo (aunque se intentó ponerlo en duda) a medida de Jorge Macri. No está definido aún si será con rango de secretaría o un ministerio independiente. Resta medir el impacto de una decisión de semejante dimensión, tratándose de un familiar presidencial.

Los radicales se preparan para un giro que traerá temblores. Oscar Aguad pasará al Ministerio de Defensa y si bien en esa cartera hay mayoría de la UCR el cambio de estilos se sentirá. Tendrán también otro impacto en la división que se hizo cuando Cambiemos llegó al poder. El Plan Belgrano, que nació con rango de ministerio para que Macri le cumpliera a la UCR las promesas que hizo al sellar la alianza, pasará ahora a una mera área de coordinación, algo parecido al Plan Patagonia. Con eso terminará de agonizar de a poco, con todos sus fondos ejecutados por los ministerios de Transporte y del Interior, como le vino sucediendo a Cano hasta ahora. Eso sí, mientras tanto, le darán el comando de esa coordinación a un hombre de Ricardo Colombi.

Aguad deja Comunicaciones tras una campaña complicada, mechada por la polémica sobre el juicio del Correo y Socma, y aún no está confirmado que esa área con tres subsecretarías y 36 direcciones pase al Ministerio de Modernización que maneja Andrés Ibarra, un funcionario del círculo relativamente íntimo de Macri. Antes de confirmar ese cambio, de todas formas, deberá chequearse en qué estado quedará ese ministerio.