"Pelearla a muerte hasta el final. Y ganar, aun perdiendo." En la Casa Rosada resumían ayer, en pocas pero precisas palabras, la estrategia del oficialismo para intentar la expulsión del ex ministro de Planificación Julio De Vido de su banca de diputado nacional.

Intensificar las gestiones con los gobernadores "con los que se puede conversar" y buscar -a través de los diputados- a los "librepensadores" dentro de la Cámara baja fueron las órdenes que siguieron ayer el ministro del Interior, Rogelio Frigerio , y los referentes de Cambiemos en el Congreso. Como bien sabe el presidente Mauricio Macri -lo escuchó de boca del ministro del Interior la semana pasada-, lo más probable es que De Vido, uno de los principales emblemas del kirchnerismo, continúe en su puesto después de mañana, cuando se discuta en el recinto su permanencia, ante el intento de expulsarlo por inhabilidad moral.

Pero el "triunfo" será, como lo afirmó uno de los miembros del gabinete a LA NACION, "que muchos peronistas no kirchneristas tengan que explicar sus manos levantadas para defender a un sinónimo de la corrupción del gobierno anterior".
Cambiemos cuenta con los votos suficientes para aprobar hoy en comisión el dictamen de expulsión del legislador kirchnerista. Pero no le alcanzan los números para llegar a los dos tercios de los votos que se requieren en el recinto.

El propio diputado radical Mario Negri , jefe del interbloque Cambiemos, admitió que el oficialismo no llega al número para expulsar a De Vido, pero pidió esperar al día de la reunión para saber cómo "juegan las presencias" en el conteo final.

La expulsión de De Vido no formó parte de la reunión de coordinación que encabezó el Presidente en la quinta de Olivos. Pero sí tuvo un lugar en las agendas de Frigerio y del jefe de Gabinete, Marcos Peña, un poco más alejado en este caso de la búsqueda de votos para terminar con la trayectoria legislativa de De Vido. "Lo manejan desde el Congreso Lilita [Carrió], [Mario] Negri y [Nicolás] Massot", afirmaron cerca del jefe de Gabinete.

Según fuentes del Gobierno, el ministro del Interior habló del tema con varios gobernadores, como Juan Manuel Urtubey (Salta), Juan Schiaretti (Córdoba), Mario Das Neves (Chubut) y Omar Gutiérrez (Neuquén). En todos los casos habría obtenido resultados positivos, más allá de que Frigerio y Schiaretti coincidirán hoy en la inauguración de un tramo de la ruta Córdoba-Río Cuarto y podrían seguir conversando sobre el asunto.

Cerca del ministro daban por hecho que tanto Das Neves como el socialista Miguel Lifschitz (Santa Fe) persuadirán a sus legisladores sobre la conveniencia de votar por la expulsión del ex ministro.

En la Casa Rosada tenían ayer escasas esperanzas de algún gesto por parte de los gobernadores más cercanos a Cristina Kirchner: los Zamora (Santiago del Estero), Alicia Kirchner (Santa Cruz), Juan Manzur (Tucumán), Alberto Rodríguez Saá (San Luis) y Gildo Insfrán (Formosa). "Compartieron mucha historia. Y De Vido sabe muchas cosas de ellos", afirmó otro miembro del gabinete.

La estrategia complementaria de las gestiones oficiosas será, claramente, dejar expuestos a quienes opten por no apoyar la expulsión.

"Va a ser muy fuerte la foto de los diputados levantando la mano para defenderlo", señalaban en Balcarce 50. Y se entusiasmaban con el costo político que pagarán esos dirigentes. ¿Y si no alcanzan los votos? "Los medios van a ir a buscar a los que se abstuvieron o a los que se negaron a expulsarlo. No a nosotros", afirmó un vocero. "Nos van a endilgar que no tuvimos la muñeca necesaria para juntar los votos. Pero es mucho mayor el costo que pagarán ellos", afirmó a LA NACION uno de los referentes de Pro en Diputados.

Cerca de Frigerio buscaron relacionar esta votación con la frustrada reforma política impulsada por la Casa Rosada y frenada por la mayoría justicialista en el Senado. "Los que van a defender a De Vido son los mismos que se opusieron al voto electrónico y los cambios en la forma de votar", afirmó un funcionario de esa cartera.

La estrategia es exponer
"La derrota en ningún caso será nuestra, sino de quienes defienden a un funcionario con muchas causas en su contra sin demasiados argumentos", coincidieron en el Gobierno y la bancada oficialista en Diputados.

Desde que comenzó el proceso, el presidente Macri se mantuvo al margen, aunque dejó trascender su disgusto por decisiones judiciales que beneficiaron al ex ministro, como la del juez federal Luis Rodríguez, quien a principios de este mes desestimó el pedido del fiscal Carlos Stornelli para pedir el desafuero y la detención del actual diputado.

Días después, Macri habló de una presunta amenaza del cuestionado diputado -luego desmentida por él mismo- de dar a conocer "cuentas" si el Gobierno "seguía jodiendo" con expulsarlo. "Si tiene algo para traer que traiga las pruebas que, primero, van a confirmar que él es parte de todo este sistema: haber utilizado la obra pública, la compra de energía, una cantidad de cosas para desviar fondos donde no correspondía", afirmó Macri.

Fiel a los deseos presidenciales, el oficialismo intentará hasta último momento conseguir la expulsión en la sesión de mañana. Pero con tratar el tema y forzar la votación se darán por satisfechos, aseguran.