“El peronismo está en terapia in­tensiva, pero con pronóstico fa­vorable. Debemos construir un peronismo del siglo 21”, dijo en estos días el gobernador salteño, Juan Manuel Urtubey.

Distinto balance y diagnóstico hizo el jefe del bloque del PJ-FPV en el Senado, Miguel Pichetto: “El peronismo atraviesa su peor crisis desde la recuperación de la democracia. Tal vez nos espere el llano en 2019”.

Consultado por La Voz , un dirigente de trayectoria en el peronismo nacional, pero sobre todo en el bonaerense, tiene, en cambio, un pronóstico menos agorero: “La suerte en 2019 y la posibilidad de un liderazgo dependerán mucho de lo que haga Macri”.

Balances distintos, según el cris­tal que con se hagan. Pero a la luz de los resultados que arrojaron las Paso hace una semana y que eventualmente serán confirmados en la elección legislativa “por los porotos” del 22 de octubre próximo, el peronismo, en su más amplia geografía político-ideológica, todavía no logra arrancar en un reformulación que le permita abrigar alguna chance para 2019 después de 12 años en el poder.

De los números de la “gran encuesta” del domingo 13, pueden sacarse algunas conclusiones. La primera de ellas, con relación a Cristina Fernández. La expresidenta habrá ganado al finalizar el escrutinio definitivo en la provincia de Buenos Aires, admiten en el Gobierno nacional, pero por una diferencia en torno al 1,5 por ciento sobre el candidato de Cambiemos, Esteban Bullrich.

Nada como para tirar manteca al techo: una ventaja por seis o sie­te puntos, en cambio, habría des­pejado incertidumbres sobre el resultado de octubre y la habría posicionado en un lugar sobresaliente hacia 2019. ¿Podría haber alcanzado esa diferencia si hubiera accedido a una interna con su exministro Florencio Randazzo? Es una discusión aparte a estas alturas.

Aun así, la precandidata a senadora por Unidad Ciudadana (UC) hizo la mejor elección posible. El 36 por ciento de votos que obtuvo es su piso, pero también su techo. Es parecido al porcentaje de votos que logró Daniel Scioli en la primera vuelta de 2015 y al de Aníbal Fernández en las Paso para gobernador.

“El 35 es el voto histórico del PJ en la provincia”, observó el dirigente consultado. La posibilidad de mejorar esa chance en octubre de­penderá de si logra atraer el “vo­to antigobierno” que sufragó por Randazzo y el que aún pueda quedarle a Sergio Massa, porque el “progobierno” del tigrense, se estima, ya se fue a Cambiemos en las Paso.

También a favor está el dato, especulan, de que en las primarias hubo un alto índice de votación, a diferencia de 2015, cuando María Eugenia Vidal le ganó a Fernández gracias a que fueron a votar alrededor de 800 mil bonaerenses que, en su gran mayoría, lo hicieron por ella.

La cosecha kirchnerista en las Paso no resultó tan magra a nivel nacional, aunque en su Santa Cruz de origen sufrió la caída mayor; como también en San Luis, con la derrota de su principal aliado, los Rodríguez Saá.

A los triunfos de los precandidatos kirchneristas en Chubut, en Tierra del Fuego y en Río Negro, sumó el de Santa Fe, con su exministro Agustín Rossi, en una interna que en ese caso incluyó al PJ, con lo que se perfila con chances ciertas de triunfo en la elección de gobernador en 2019, en un acuerdo tácito con el senador Omar Perotti como candidato.

También logró buena performance en Salta y en provincias en las que el PJ ha sido aliado firme, cuando no eventual: Formosa y Chaco, entre los primeros, y Tucumán.

Si valida su triunfo en octubre, Cristina llegará al Senado por una puerta diametralmente distinta por la que lo haría si pierde.

Podría, en ese caso, preservar la unidad del bloque PJ-FPV, pero impulsar para eso una presidencia de transición en lugar de Pichetto, quien, si se confirman los números de las Paso, definitivamente habrá perdido poder.

Sucede que su fortaleza actual depende del poder delegado de los gobernadores PJ, cuya liga promovida por Juan Schiaretti aparece debilitada después de la dura derrota sufrida frente a Cambiemos. Y también del entrerriano Gustavo Bordet y de la fueguina Rosana Bertone.

Liga de gobernadores

Dentro de la “liga”, en cambio, hubo gobernadores que ratifica­ron su poder territorial, entre ellos, el sanjuanino Sergio Uñac, el chaqueño Domingo Peppo, la catamarqueña Lucía Corpacci y el riojano Sergio Casas. Pero ese polo de poder interno dentro del peronismo quedó debilitado; de ahí, tal vez, el pronóstico oscuro de Pichetto: “Quizás tengamos que esperar como el PRI mejicano, que tardó doce años en volver al poder. El PJ debe volver a ser un partido de centro nacional. No so­mos la izquierda porteña”.

El único con proyección nacional y que ratificó su liderazgo, desde las antípodas del kirchnerismo y más cerca de un PJ “de centro nacional”, es el salteño Juan Manuel Urtubey. Aunque como opositor haya hecho méritos para ganarse el título del gobernador más macrista del peronismo.