La doctrina Menem salvará a Cristina

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El destino suele jugar con las cartas marcadas y dar giros inesperados y crueles como el que vive Cristina Kirchner en su regreso al Senado, en donde dos de los dirigentes más vilipendiados y odiados por la ex presidenta son, de alguna manera, los principales responsables de la doctrina que le permitirá esquivar el desafuero y la prisión preventiva reclamada por el juez Claudio Bonadio.

Autor de lo que en los pasillos del Senado algunos llaman como la “doctrina Menem”, según la cual ningún legislador puede ser desaforado hasta no tener una condena firme de la Corte Suprema, el presidente del flamante Bloque Justicialista del Senado, Miguel Pichetto (Río Negro), ya anticipó que no se correrá un ápice de su postura, aún cuando la beneficiaria sea su principal rival política.

El otro protagonista de esta historia es también un ex presidente y quien, con su caso judicial, le dio nombre a la doctrina según la cual ningún legislador debe perder su inmunidad de arresto hasta no tener una sentencia firme. Se trata de Carlos Menem, quien cumple desde el domingo su tercer mandato consecutivo como senador por La Rioja gracias a un fallo de la Corte Suprema que permitió rechazar la impugnación a su candidatura que le había impuesto la Cámara Nacional Electoral.

Menem fue el enemigo preferido de Néstor Kirchner, que lo veía como el responsable de todos los males de la República, incluso más que el catastrófico medio mandato de Fernando de la Rúa, al extremo que la contraposición con su nombre fue una de las fraguas que le sirvieron al kirchnerismo para forjar una identidad política una vez en el poder.

Cristina Kirchner continuó esa tradición hasta abril de 2010, cuando la abstención de Menem rescató a Mercedes Marcó del Pont de lo que parecía el inevitable rechazo del Senado a su pliego para presidir el Banco Central. Desde ese día, el nombre del riojano dejó de formar parte de las diatribas de la jefa del Estado.

Pichetto, por su parte, es el nuevo archienemigo de Cristina Kirchner, no sólo porque se convirtió en el primer peronista en abjurar del kirchnerismo, sino porque se encargó de llevar su prédica a los hechos y armó un bloque que responde a los gobernadores peronistas al que tienen vedado su ingreso los seguidores de la ex presidenta.

Cristina no le perdona esto y se ha juramentado hacerle la vida imposible al rionegrino en el Senado. Se ha encargado de comentárselo a sus allegados, a los que manda a criticar en público a Pichetto mientras planea el momento de tomarse revancha.

Más aún, el jefe del bloque kirchnerista en Diputados, Agustín Rossi, acusó a Pichetto de actuar en connivencia con Bonadio, ya que el rionegrino anunció la composición de su nuevo bloque, que excluyó al kirchnerismo, justo el día anterior a que el juez federal sacudiera el escenario político con su nueva ofensiva en la causa por la que investiga el Memorándum firmado con Irán durante el gobierno de Cristina Kirchner.

Sin embargo, más de un kirchnerista sostiene ahora que llegó el momento de cambiar de objetivo, o al menos dilatar la pelea con Pichetto. Afirman, con razón, que el sostenimiento de la decisión de la “doctrina Menem” por parte del rionegrino es un pilar fundamental para que Cristina Kirchner no termine presa en los próximos meses.

Además, recuerdan que Pichetto fue uno de los pocos legisladores peronistas que mantuvo esa postura cuando la Cámara de Diputados discutió el desafuero de Julio De Vido, marcando un claro contraste con el silencio de Cristina Kirchner y con la decisión de los diputados kirchneristas de abandonar a su suerte al ex ministro y no bajar al recinto a dar el debate.

Más allá de que Pichetto no es dueño de los 25 votos de las diversas tribus peronistas que reunió en el interbloque Argentina Federal, también es cierto que ahora esa postura es el principal sostén de la ex presidenta para rechazar la embestida de Bonadio. “Mi pelea con la Señora es política, no personal”, es la frase que repite el rionegrino cada vez que le preguntan por su decisión de impedirle a Cristina Kichner sumarse al nuevo bloque peronista del Senado.

Con o sin aviso de Bonadio, lo cierto es que ahora que el fantasma del desafuero vuelve a asomar por los pasillos del Senado, Pichetto y la “doctrina Menem” se convertirán en el mejor blindaje para garantizarle a la ex presidenta su permanencia en la Cámara alta.

Fuente: La Nación