Ya no es negocio político ser antiminero

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Desde el día que el presidente Mauricio Macri dijo que “la soja de La Rioja es la minería” desapareció el negocio político de ser antiminero. Hasta ese momento, distintos referentes de la oposición al peronismo riojano se escudaban en esas banderas bajo la consigna “El Famatina no se toca”.

Macri dio señales concretas que una de sus políticas es la minería, como la eliminación de las retenciones y la modificación de la Ley de Glaciares. A ello se debe sumar los encuentros con empresas mineras y la participación activa de Argentina en ferias mundiales con el propósito de buscar nuevas inversiones.

Cada paso dado por el jefe de Estado, que tuvo un apoyo casi contundente del electorado riojano cuando fue candidato a Presidente, hizo que el negocio de ser asambleísta o ambientalista, según como se lo presente, vaya en caída.

Ya no hubo la activa participación en las marchas contra la minería de aquellos que fueron la cara visible de una lucha en Famatina y Chilecito respectivamente. Hoy muchos de ellos son empleados del gobierno nacional, ya sea en cargos electivos en el Congreso de la Nación o funcionarios en organismos nacionales en la provincia.

Chilecito es fiel reflejo de lo que sucede con el negocio político de la antiminería: escasa asistencia a la marcha y el festival musical contra el desembarco de la empresa Seargen.

No se puede personalizar el negocio político, ya que también fue una forma de limar el poder del entonces gobernador Luis Beder Herrera y de todo el peronismo.

Hoy la gestión del Presidente está complicada en la cuestión económica y la minería puede ser una salida, ya que ingresarían dólares al país.

Por este motivo, muchos que fueron antimineros encuentran cualquier pretexto a la hora de ser activistas contra esa política, ya que también sería ilógico políticamente: ser macrista mineros en Buenos Aires y ser macristas antimineros en La Rioja. Ni hablar de otros beneficios que se terminarían.