¿Cómo impactará el acuerdo con el FMI en los representantes de Macri en La Rioja?

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Cuando se nombra al Fondo Monetario Internacional regresan a la memoria lo más oscuro de los ajustes para el país. La Rioja fue punta de lanza en la crisis de Raúl Alfonsín y la llegada de un quinteto de presidentes al emitir los bonos Evita con el propósito de garantizar los salarios a los empleados estatales en la Gobernación de Ángel Maza.

Cualquier sondeo de opinión marca que el 75 por ciento de los consultados rechaza un acuerdo con el FMI como anunció el presidente Mauricio Macri.

Este miércoles, Cambiemos dejó trascender que sigue en caída líbre la imagen del Jefe de Estado y golpea también a su cenicienta, María Eugenia Vidal.

Hasta ahora, los representantes de Macri en La Rioja sobrevivían a los vaivenes de la economía en el marco de las acusaciones al Gobierno de Sergio Casas y el Justicialismo de Luis Beder Herrera.

Pero todo hace indicar que habrá un ajuste que tendrá gran impacto en la Provincia, ya que es una jurisdicción que depende de más del 90 por ciento de los recursos nacionales para abonar los salarios, por lo cual tendrá que seguir al pie de la letra lo que le marquen desde Buenos Aires para pasar el frente de tormenta.

Julio Martínez e Inés Brizuela y Doria se han valido de un discurso que dio resultado como que el peronismo gobierna hace más de 30 años; Alberto Paredes Urquiza se autodefinía como la renovación del Justicialismo; y Néstor Bosetti se acopló al tren macrista.

En la capital de La Rioja antes del acuerdo con el FMI la imagen presidencial comenzó a hacer agua, aunque no afectaba el núcleo duro de Cambiemos local. Ahora que es un tema instalado hasta en los hogares en que no se informaban de la realidad será otra cosa, ya que los hombres y mujeres de más de 40 años se acuerdan de las últimas crisis del país.

Será interesante observar el movimiento de las caras de Macri en La Rioja, como el PRO liderado por Julio Sahad, ya que al Presidente se le agotó el discurso de la herencia de Cristina, y aquí un amague de ajuste hacia los estatales puede provocar un tsunami.