Panorama político: Casas intenta ser Casas

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La sociedad reclama un giro institucional en la provincia. Lo supo leer la oposición y captó el voto capitalino. La Rioja es una pequeña provincia que casi todo pasa por el Estado con familias tradicionales en distintas estructuras, no solo la Ejecutiva sino también la Judicial y Legislativa.

Sergio Casas llegó a la Gobernación por el aval de Luis Beder Herrera, un dirigente muy criticado por la gente, esa misma que lo votó con el 64 por ciento en las urnas (no hay que olvidarse).

Un amigo siempre repite la misma frase: hay 2.000 funcionarios (en todos los estamentos) y 360.000 que lo pretenden ser. Los que critican desde afuera es porque quieren estar adentro, no hay color político que valga.

El gobernador entró más de dos años en despachos que no eran suyos, hablaba con funcionarios que no le respondían y hasta caminaba por pasillos que otros ya habían pasado. Institucionalmente está mal, aunque él lo aceptó.

La sombra de Beder Herrera está hasta en el pocillo de café, ya que se caracterizó por ejercer el poder. Tuvo más poder en La Rioja que Carlos Menem.

Hoy Casas trata de ser Casas. El buen tipo, el de San Blas de los Sauces, el que llega a las 11 a la Casa de Gobierno y hace agenda en horas de la siesta (antes no se hacía), el de las fotos, el del llanto, el que le gusta la música, el que habla de los caudillos y de los santos. Intenta ser él antes que se vaya. No está mal.

Frente a eso tiene un gran desafío. Primero el tiempo que le queda como gobernante. Segundo que debe dar un paso, que cualquiera dudaría: darle participación de contralor y activa a la oposición en una provincia que siempre se discutió entre peronistas (de una u otra rama).

Tomó la caja y cortó por lo sano en Juventud, y se rodea con los que él considera leales. Más allá tiene la depuración del Poder Judicial, de las familias tradicionales y de los jueces cuestionados; como así también del Tribunal de Cuentas, de los nombres de siempre y apuntados por el común de los barrios; de la Legislatura, el de los ñoquis; de la transparencia de las cuentas; y de muchos ítems que los votantes le han enviado mensajes al peronismo.

Casas no es Beder Herrera, no es Ángel Maza, no es Bernabé Arnaudo, es Casas. Tiene la obligación, por encima que está en su derecho, de impregnarle su visión al gobierno peronista y tomar la decisiones que el considere (para equivocarse también).

Lo que ya debe hacer es no prestarle atención a las pequeñeces de los comentarios interesados. Es por una cuestión de tiempo (se va el 10 de diciembre del año que viene). Tiene que ponerle énfasis en la reactivación de la provincia, y que no solo sea un aumento salarial para los estatales, buscar que se discuta de políticas de Estado más allá del 2019, y si quiere que lo recuerden: intentar que Casas sea Casas.